“I’m coming hoooooome… to Swaaaall… Driiiiive…”

Escribir es muchas veces volver a un viejo bloque de sensaciones cristalizado en un artefacto cultural. La introducción de Kim Gordon a su libro “Girl in a Band” me lleva a los días en que P. y yo terminamos. “Whoooooaw, I’m coming hoooooome to Smaaaall Driiiive”, grita Kim Gordon en la canción “Sweet Shine”. Volver a casa quizá sólo es volver a un lugar de la memoria. Un bloque de sensaciones cuya huella está entre el cuerpo y distintos artefactos que poseen una temporalidad propia como los textos y las canciones.

(Para escribir estas líneas tuve que contener los embates de mi gato que insistía en subirse a mis piernas. Para cuando incluí este nuevo comentario una vieja pregunta volvió: ¿quién recuerda en estas líneas que escribo? ¿este recuerdo al estar atravesado por un artefacto cultural es sólo mío o es también de muchos más? Ahí una vieja charla con la hipótesis de una memoria implantada en Blade Runner ahora en diálogo con lo que escribe Deleuze/Guattari/Lapoujade (no me acuerdo cuál de los tres): “implantar una memoria semejante supone rechazar el sin fondo intensivo del deseo y su sistema de distribución anárquico”).