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“Troka, el poderoso”, German Lizt Azurbide

Texto por Patricia Arredondo: “Hace tres años, Miguel Molina dio una charla concierto en la Fonoteca Nacional para presentar la investigación que estaba realizando en México como parte de su proyecto ‘Reconstrucción de obras artístico-sonoras de la Vanguardia Histórica’. En particular, habló sobre el estridentismo y su relación con la radio y el arte sonoro.” En mi relectura reciente de Lizt Azurbide, “algo de lo que me pareció más interesante fue encontrar el vínculo entre infancia y vanguardia, y su importancia, asimismo, para el desarrollo del teatro guiñol en el país. En ese contexto, al no haber registro de las emisiones de lo que ahora es Radio Educación, Molina dirigió esta reconstrucción de ‘Troka, el poderoso’, escrita por Lizt y musicalizada por Revueltas… Al respecto se dice: “Esta imagen de robot de los años treinta bien pudiera ser un antecedente de la cibercultura actual de cyborgs y androides, que pueden acercar al niño actual mexicano al de sus abuelos, pero sin un propósito violento y destructivo, ya que ‘Troka’ ayudaba a mejorar la condición humana, en lugar de destruirla”.

Escuche “Troka, el poderoso” aquí:

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“Todo estilo nuevo no implica tanto un nuevo “golpe” como un encadenamiento de posturas, es decir, un equivalente de la sintaxis que se realiza sobre la base de un estilo anterior pero que rompe con él”

“El estilo es una noción literaria. Es una sintaxis. Se habla, no obstante, de estilo en las ciencias, donde no hay en absoluto sintaxis. O en los deportes. Hay estudios muy avanzados sobre los deportes (…) que quizá sirven para mostrar que el estilo es la novedad. Sin duda, los deportes tienen un aspecto de escala cuantitativa marcado por los “récords” y apoyado en el perfeccionamiento de los aparatos, del calzado, de las pértigas… Pero también hay mutaciones cualitativas o de ideas, mutaciones que son una cuestión de estilo: el paso de la tijereta al rodillo ventral, al Fosbury flop; el modo en que en el salto de vallas ha dejado de rodear el obstáculo para dar paso a una zancada más larga. ¿Por qué no empezar por aquí? ¿Por qué habría que comenzar por hacer una historia determinada por los progresos cuantitativos? Todo estilo nuevo no implica tanto un nuevo “golpe” como un encadenamiento de posturas, es decir, un equivalente de la sintaxis que se realiza sobre la base de un estilo anterior pero que rompe con él. Las mejoras técnicas no son eficaces a menos que sean admitidas y seleccionadas por un estilo nuevo que no determinan por sí mismas. Por eso son tan importantes los “inventores” en los deportes, son los intercesores cualitativos… En el tenis, por ejemplo, como en otras cosas, hay inventores: MacEnroe es un inventor, es decir, un estilista, ha introducido en el tenis posturas egipcias (su servicio) y reflejos de Dostoievski (“si te pasas el tiempo golpeándote la cabeza contra las paredes, la vida se toma imposible”… Pero esto no significa nada: la historia de los deportes pasa por estos inventores, que constituyen en cada momento lo inesperado, una nueva sintaxis, las mutaciones: sin ellos los progresos puramente tecnológicos sólo serían cuantitativos, sin importancia ni interés…

Tenemos que hablar de la creación como si trazase su camino entre dos imposibilidades… Kafka explicaba: la imposibilidad de hablar alemán para un judío checo, la imposibilidad de hablar checo, la imposibilidad de no hablar. Pierre Perrault ha recuperado este problema: imposibilidad de no hablar, de hablar inglés, de hablar francés. La creación tiene lugar en esos estrangulamientos. Incluso en una determinada lengua, en francés por ejemplo, una nueva sintaxis supone una lengua extranjera en el interior de la lengua. Si un creador no se encuentra atenazado por un conjunto de imposibilidades, no es un creador. Creador es aquel que se crea sus propias imposibilidades al mismo tiempo que crea lo posible. Como MacEnroe, encontrará la solución golpeándose la cabeza. Hay que darse contra la pared porque sin ese conjunto de imposibilidades no será posible hallar la línea de fuga, la salida que implica la creación, esta potencia de lo falso que constituye la verdad. Hay que escribir de forma líquida o gaseosa, precisamente porque la percepción normal y la opinión ordinaria son sólidas, geométricas. Es lo que hizo Bergson en filosofía, lo que James o Virginia Woolf hicieron con la novela y Renoir en el cine (así como el cine experimental, que ha llegado muy lejos en la exploración de los estados de la materia). No se trata de abandonar la tierra, sino de devenir tan terrestre como para inventar las leyes de los líquidos y los gases de los que depende la tierra. El estilo tiene, pues, necesidad de mucho silencio y de mucho trabajo para conseguir fabricar una turbulencia que, después, se lanzará como una cerilla perseguida por los niños en las aguas de un arroyo. Porque un estilo no se hace componiendo palabras, combinando frases o utilizando ideas. Hay que abrir las palabras, hender las cosas para extraer de ellas los vectores de la tierra.”

Gilles Deleuze, en Conversaciones

“La semilla de cierta clase de imaginación fantástica escrita por mujeres en México” (fragmentos)

“Aunque la historia de la población originaria y mestiza de América difiere considerablemente de la historia de la población negra en Estados Unidos, también seguimos experimentando que nuestra humanidad, nuestra capacidad para la creación y el pensamiento, sea puesta en duda. Preguntémosle si no a Alejandro Fabián, ese fascinante poblano que, junto con sor Juana Inés de la Cruz y Carlos de Sigüenza y Góngora, fue uno de los fans del erudito Athanasius Kircher en la Nueva España. La admiración era mutua: “Admiraba yo tus múltiples estudios y la cultura de las bellas artes todas, en ti, originario del Nuevo Mundo; pero que en aquellas raras regiones de América, y para nosotros desconocidas partes que cobija el cielo, se hallase un varón amparado con tantos socorros de virtud y dotado de tantas prerrogativas de carismas de Dios, no me parecía posible de suceder…”[1] Esto solo tuvo sentido para Kircher cuando supo que los antepasados de Fabián eran genoveses, entonces le dedicó, ya confiado y pródigo en elogios, uno de sus libros. Imaginemos ahora el asombro que debió haber despertado sor Juana, pues encima de todo era mujer (razón más que contundente para restarle humanidad), y sin embargo fue la autora, nada menos, de un prodigio poético titulado Primero sueño que, a decir de Elías Trabulse, “es la gran última tentativa de captar el saber universal en un dilatado viaje del espíritu por los espacios celestes” y contiene “teorías que sin ser científicas han logrado convertirse en vastas ensoñaciones construidas con los inertes datos de las ciencias”.[2]

(…)

Los primeros reconocimientos de autoras mexicanas con obras así identificadas comienzan con Marcela del Río (Ciudad de México, 1932) quien, como Garro, escribió obras de teatro desafiantes, además de Cuentos arcaicos para el año 3000 (1972). Trujillo narra que del Río envió a Ray Bradbury una historia en la que la humanidad consigue ser inmortal: “La bomba L”. El autor respondió en una afectuosa carta: “usted me ha proporcionado abundante material que me ha hecho pensar. Su libro encierra el tipo de ideas de las que les gustaría posesionarse a cualquier escritor que se precie de serlo y desarrollarlas en sus propios términos, hasta la saturación.[4] Le deseo muy buena suerte al presentar su historia en México y América del Sur, donde parece haber un enorme y creciente interés por la ciencia ficción”. 4 La autora desarrolló entonces la novela Proceso a Faubritten (1976), procurando integrar en su propuesta literaria, como sor Juana, esas dos formas de conocer el mundo: “¿Por qué continuar separando sistemáticamente arte y ciencia, si ambas se refieren al ser humano y por ende tienen puntos comunes de visión? Fue bajo el influjo de esa idea que comencé a aplicar en mis trabajos las leyes del movimiento, de la física, a los conflictos humanos que aparecen retratados en los textos literarios y en las obras dramáticas”. Manú Dornbierer (Ciudad de México, 1932) es otra de las primeras autoras reconocidas con Después de Samarkanda (1977) y La grieta (1978), reunión de los cuentos que había publicado en diversos espacios.”

 

Texto completo, aquí: https://www.letraslibres.com/mexico/revista/la-mano-izquierda-la-ciencia-ficcion-mexicana?fbclid=IwAR3fS4qK9mGW6E0ekXC2l0kEjsQkAbvoltvbf6li9sGLL2WC45f_FzJ1h_k#_ftn4

“L’arbre impose le verbe “être”, mais le rhizome a pour tissu la conjonction “et… et… et…”. Il y a dans cette conjonction assez de force pour secouer et déraciner le verbe “être”” (Deleuze y Guattari)

“Un ejemplo conocido del estilo oral aditivo es la narración del Génesis 1: 1-5, que de hecho constituye un texto, pero que guarda una organización oral reconocible. La versión de Douay ( 1610), producida en una cultura con huellas aún considerables, de la tradición oral se ciñe de muchas maneras al original hebreo aditivo (como mediado a través del latín, con base en el cual se produjo la versión de Douay):

[Al principio Dios creó el cielo y la tierra. Y la tierra era informe y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo; y el espíritu de Dios se cernía sobre las aguas. Y Dios dijo: Hágase la luz. Y se hizo la luz. Y Dios vio que la luz era buena; y separó la luz de las tinieblas. Y llamó a la luz día, y a las tinieblas noche; y hubo tarde y mañana, un día.]

Hay nueve “Y” introductores. Con una sensibilidad más moldeada por la escritura y la impresión, la New American Bible (1970) traduce:

[En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la ha7. del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas. Y dijo Dios: sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena y apartó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche: y fue la tarde y la mañana un día.]

Hay dos “and” introductores, cada uno sumergido en una oración compuesta. La versión de Douay transcribe el hebreo we o wa (and) simplemente como “and” [y]. La New American lo interpreta como “and”, “when” [cuando], “then” [entonces], “thus” [por ende], o “while” [mientras], a fin de que la narración fluya con la subordinación razonada y analítica que caracteriza la escritura (Chafe, 1982) y que parece más natural en los textos del siglo xx. Las estructuras orales a menudo acuden a la pragmática (la conveniencia del hablante; Sherzer, 1974, habla de dilatadas producciones orales públicas entre los cuna, incomprensibles para sus oyentes). Las estructuras caligráficas están más pendientes de la sintaxis (la organización del discurso mismo), corno lo ha señalado Givón (1979). El discurso escrito despliega una gramática más elaborada y fija que el discurso oral, pues, para transmitir significado, depende más sólo de la estructura lingüística, dado “que carece de los contextos existenciales plenos normales que rodean el discurso oral y ayudan a determinar el significado en éste, de manera un poco independiente de la gramática.”

Walter Ong, Oralidad y escritura.

El acceso abierto al conocimiento: un proceso de lucha más que un modelo por implementar

“…una de las ventajas de conceptualizar el acceso abierto como un proceso de lucha más que como un modelo por implementar sería crear más espacio dentro del movimiento para posiciones radicalmente diferentes, en conflicto, e incluso inconmensurablemente distintas, incluyendo aquellas interesadas en la experimentación crítica con la forma del libro y la manera en que actualmente funciona nuestro sistema de comunicación académica” (Adema y Hall, p. 93)

Texto completo aquí: Varnelis – el significado

El primer Wittgenstein y la frontera del sentido

“para trazar un límite al pensamiento tendríamos que ser capaces de pensar ambos lados de este límite [incluido aquello que queda fuera del lenguajel, y tendríamos por consiguiente que ser capaces de pensar lo que no se puede pensar.

Este límite, por lo tanto, sólo puede ser trazado en el lenguaje y todo cuanto quede al otro lado del límite será simplemente un sinsentido.”

Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus

Escribir: seleccionar las voces susurrantes, convocar las tribus y los idiomas secretos de los que extraigo algo que llamo Yo

“Escribir quizá sea sacar a la luz ese agenciamiento del inconsciente, seleccionar las voces susurrantes, convocar las tribus y los idiomas secretos de los que extraigo algo que llamo Yo. YO es una consigna. Un esquizofrénico declara: ―he oído unas veces decir: es consciente de la vida. En ese sentido, puede perfectamente hablarse de un cogito esquizofrénico, pero que convierte la conciencia de sí en la transformación incorporal de una consigna o en el resultado de un discurso indirecto. Mi discurso directo sigue siendo el discurso indirecto libre que me atraviesa de parte a parte y que viene de otros mundos o de otros planetas.”

Deleuze y Guattari, “Postulados de la lingüística”

Salir de la posición de víctimas: crear nuevas realidades.

“Salimos de la posición espectadora cuando nos volvemos capaces de pensar y actuar. Y nos volvemos capaces de pensar y actuar produciendo lo que los autores llaman un “agarre” o un “asidero”. Es decir, un espacio de pensamiento y acción a partir de un problema concreto. En ese momento ya no estamos frente a la pantalla, opinando y a la espera, sino implicados en una “situación de lucha”. Tanto hoy como ayer, son esas situaciones de lucha las que crean nuevos planteamientos, nuevos posibles y ponen a la sociedad en movimiento.

(…)

(Un ejemplo:) En 2001, 39 empresas farmacéuticas mundiales, sostenidas por sus asociaciones profesionales, abren proceso contra el gobierno sudafricano que garantizaba la disponibilidad a costo moderado de medicamentos para el sida. La alternativa infernal entonces decía: o hay patentes y precios altos, o es el fin de la investigación. El progreso tiene un costo y un coste.

Pero las asociaciones de pacientes de sida salen de su papel de víctimas y politizan la cuestión que les afecta: investigación, disponibilidad de los medicamentos, derechos de los enfermos, relación con los médicos. Piensan, crean, actúan. Suscitan nuevas conexiones con asociaciones humanitarias, otros afectados, empresas farmacéuticas sensibles, Estados favorables como Brasil, etc. Porque el mapa de una situación de lucha (los amigos y los enemigos) nunca está claro antes de que se abra, sino que esta lo redibuja. No hay “sujeto político” a priori, la situación de lucha lo crea.

La alternativa infernal pierde fuerza y los industriales acaban retirando su demanda. No porque los afectados les hayan opuesto buenos argumentos críticos, sino porque han creado nueva realidad: nuevas legitimidades, maneras de ver, sensibilidades, alianzas. En una situación de lucha, nos dicen los autores, los diagnósticos críticos son “pragmáticos”, es decir, inseparables de la cuestión de las estrategias y los medios adecuados. En definitiva, de las alternativas infernales se sale sólo “por el medio”: a través de situaciones concretas, por medio de prácticas, desde la vida.

Podemos pensar en el mismo sentido las luchas de los últimos años: desde la PAH hasta YO SÍ Sanidad Universal, pasando por los movimientos de pensionistas y de mujeres. Una situación de lucha es el “intelectual” más potente: no sólo describe la realidad, sino que la crea, suscitando nuevas conexiones, problematizando nuevos objetos, inventando nuevos enunciados. De hecho, los intelectuales-portavoces (nuevos y viejos) surgen muchas veces en ausencia de situaciones de lucha, para representar a los que no piensan.

Sin situaciones de lucha no hay pensamiento. Sin pensamiento no hay creación. Sin creación estamos atrapados en las alternativas infernales y espectaculares. La representación se separa de la experiencia social. Sólo quedan los juicios morales, las generalidades y la espera. El runrún cotidiano del espectáculo mediático y político, así como de nuestras redes sociales.

(…)

Seguramente necesitamos una nueva poética política. Por ejemplo, una palabra nueva para hablar de lucha, que asociamos muy rápidamente a la movilización, a la agitación activista, a un proceso separado de la vida, etc. Reinventar lo que es luchar. En realidad, una lucha es un regalo que nos damos: la oportunidad de cambiar, de transformarnos a la vez que transformamos la realidad, de mudar de piel. No hay tantas.

Una situación de lucha no es ningún camino de salvación. Así solo la ve el espectador, que se relaciona con todo desde fuera. Desde dentro, es una trama infinitamente frágil, muy difícil de sostener y avivar. Pero también es ese regalo. La ocasión de aprender, junto a otros, de qué está hecho el mundo que habitamos, de tensarlo y tensarnos, de probarlo y probarnos. Para no vivir y morir idiotas, es decir, como espectadores.”

Tomado de aquí: http://lobosuelto.com/?p=21717

Decir algo en nombre propio

“Es curioso lo de decir algo en nombre propio, porque no se habla en nombre propio cuando uno se considera como un yo, una persona o un sujeto. Al contrario, un individuo adquiere un auténtico nombre propio al término del más grave proceso de despersonalización, cuando se abre a las multiplicidades que le atraviesan enteramente, a las intensidades que le recorren… La experimentación con uno mismo, es nuestra única identidad.”

(Deleuze con Claire Parnet, Conversaciones)

Una culpabilidad inconsciente constituye uno de los engranajes esenciales para el buen funcionamiento del sistema de autosometimiento de los individuos a la producción: el policía y el juez internos quizás son aún más eficaces para ello que los ministerios del Interior y Justicia juntos (Félix Guattari)

las clases obreras de los países económicamente desarrollados están objetivamente implicadas, aunque más no fuera por la creciente diferencia de los niveles de vida relativos, en la explotación internacional de los antiguos países coloniales. Luego participación inconsciente y de todo tipo de formas: los trabajadores reabsorben más o menos pasivamente los modelos sociales dominantes, las actitudes y los sistemas de valor mistificadores de la burguesía –reprobación del robo, de la pereza, de la enfermedad, etc.– reproduciendo por su propia cuenta objetos institucionales alienantes tales como la familia conyugal y lo que ésta implica de represión intrafamiliar entre los sexos y los niveles de edad, o bien su apego a la patria con su inevitable resabio de racismo […] Desde su más temprana edad, y aunque no fuera más que en razón de que aprenden a leer en el rostro de sus padres, las víctimas del capitalismo y del ‘socialismo’ burocrático están atormentadas por una angustia y una culpabilidad inconscientes que constituyen uno de los engranajes esenciales para el buen funcionamiento del sistema de autosometimiento de los individuos a la producción. El policía y el juez internos quizás son aún más eficaces que los ministerios del Interior y Justicia. La obtención de este resultado descansa en el desarrollo de un antagonismo acentuado entre un ideal imaginario que se inculca por sugestión colectiva a los individuos, y una realidad totalmente distinta que los espera en la esquina […] Se obtiene así […] en definitiva, todo un sistema de demanda que perpetúa la dependencia inconsciente respecto del sistema de producción, lo que constituye la técnica de la ‘participación’. El resultado de este trabajo es la producción en serie de un individuo que estará también mal preparado para afrontar las pruebas importantes de su vida”.

(Guattari,Psicoanálisis y transversalidad, pp. 317-318)

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