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Sobre el pensamiento representacional y la filosofía que presupone la figura del Estado

“State philosophy’ is another name for the representational thinking that has dominated Western metaphysics since Plato, but has suffered an at least momentary setback during the last quarter century at the hands or Jacques Derrida, Michel Foucault and poststructuralist theory generally. As described by Deleuze, State Philosophy is grounded on a double identity: of the thinking subject, and of the concepts it creates and to which it lends its own presumed attributes of sameness and constancy. The subject, its concepts, and the “external” objects to which the concepts are applied have a shared, internal essence: the self-resemblance at the basis of identity. Representational thought is analogical; its concern is to establish a correspondence between these symmetrically structured domains. The faculty of judgment serves as the police force of analogy, assuring that each of the three terms is honestly itself, and that the proper correspondences obtain. In thought its end is truth, in action justice. The weapons it wields in pursuit of these are limitative distribution (the determination of the exclusive set of properties possessed by each term in contradistinction to the others: logos, law) and hierarchical ranking (the measurement of the degree of perfection or a term’s self-resemblance in relation to a supreme standard, Man, God, or Gold: value, morality). The modus operandi is negation: x=x=not y. Identity, resemblance, truth, justice, and negation. The rational foundation for order. The established order, of course: philosophers have traditionally been employers of the State. The collusion between philosophy and the State was most explicitly enacted in the first decade of the nineteenth century with the foundation of the University or Berlin, which was to become the model for higher learning throughout Europe and the U.S. The goal laid out by Wilhelm von Humboldt (based on proposals by Fichte and Schleiermacher) was the “spiritual and moral training of the nation,” to be achieved by “deriving everything from an original principle” (truth), by “relating everything to an ideal” (justice), and by “unifying this principle and this ideal in a single Idea” (the State). The end product would be “a fully legitimated subject of knowledge and society” –each mind analogously organized mini-State morally unified in the supermind of the State. Prussian mind-meld. Even more insidious than today’s well-known practical cooperation between the university and government (the burgeoning military funding of research) was its philosophical role in propagating the form of representational thinking itself that ‘properly spiritual absolute State’ endlessly reproduced and disseminated at every level of the social fabric (nationalism and good citizenship). More insidious than its institution-based propagation is the State-form’s ability to propagate itself without centrally directed inculcation (liberalism and good citizenship). Still more insidious is the process presiding over our present plight, in which the moral and philosophical foundations of national and personal identity have crumbled, making a mockery of the State-form –but the world keeps right on going as if they hadn’t (neoconservatism and cynical greed).”

Massumi, Brian, A user’s guide to Capitalism and Schizopphrenia. Deviations from deleuze and Guattari, Swerve Editions/MIT, 1996, p. 4.

“las cosas, las personas y los nombres son como cajas, de las que se saca algo que tiene otra forma por completo distinta,  algo de distinta naturaleza, contenido desmesurado”

Sustituir una concepción “molar”, centrada en el sexo, por un enfoque “molecular” de placeres multiformes

“Hacer entrar la potencia de ser en una ontología. En su curso de enero de 1986 sobre Foucault, Deleuze retoma la concepción del deseo/placer de éste y presenta su rechazo de la noción de deseo y su apego a la idea del cuerpo y de los placeres como la expresión de un sexualidad sin sexo, con la cual termina su obra La voluntad de saber. Para Deleuze, esta voluntad de sustituir una concepción “molar”, centrada en el sexo, por un enfoque “molecular” de placeres multiformes encuentra su fuente de inspiración en Proust, cuando define tres niveles en Sodoma y Gomorra: primero, el de los grandes conjuntos de los amores heterosexuales; un segundo nivel donde se remite a lo mismo: el hombre al hombre, la mujer a la mujer. Proust introduce un tercer nivel ‘tranversal y no vertical’ en el que cada hombre tiene un componente femenino, y cada mujer, un componente masculino, pero que no se comunican entre sí, de donde surge la necesidad imperiosa de tener los cuatro términos y agenciamientos moleculares. Pulverizando el tema de la culpabilidad, Proust ‘llega a hablar de placeres locales’”

Francois Dosse, Gilles Deleuze y Félix Guattari. Biografía cruzada, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2009, pág. 413.

Es sabido que Nietzsche no tuvo tiempo de escribir el tercer momento que tenía planeado para Zaratustra, donde el héroe, después de confrontarse con una acción demasiado grande para él y haber conseguido tornarse capaz, finalmente afirma el eterno retorno

“Es evidente que el Zaratustra de Nietzsche es un drama es decir un teatro. El antes ocupa la mayor parte del libro en la modalidad del defecto o del pasado: esa acción es demasiado grande para mí (véase la idea del «pálido criminal» o toda la historia cómica de la muerte de Dios; o todo el miedo de Zaratustra ante la revelación del eterno retorno: «Tus frutos están maduros, pero tú, tú no estás maduro para tus frutos»). Luego viene el momento de la cesura o de la metamorfosis, «el Signo», donde Zaratustra se torna capaz. Falta el tercer momento, el de la revelación y la afirmación del eterno retorno, que implica la muerte de Zaratustra. Es sabido que Nietzsche no tuvo tiempo de escribir esa parte, que él había proyectado. Por eso hemos podido considerar permanentemente que la doctrina nietzscheana del eterno retorno no estaba dicha, sino que estaba reservada para una obra futura: Nietzche expuso tan sólo la condición pasada y la metamorfosis presente, pero no lo incondicionado que debía resultar’ de ellas como «porvenir»”

La muerte del Padre y la muerte de Dios, según Nietzsche, es un acontecimiento cómico: “tan sólo se ha dado muerte a un muerto, muerto desde siempre” (y escrito con mayúscula)

“Inagotable y siempre actual, el necedario (catálogo de necedades) de Edipo. Se nos dice que los padres murieron «a lo largo de millares de años» (¡vaya… vaya…!) y que la «interiorización» correspondiente de la imagen paterna se produjo durante el paleolítico y hasta los comienzos del neolítico, «hace alrededor de 8.000 años» (Mendel, Gerard, La Révolte contre le père, Payot, 1968, pág. 422 (tr. cast. Ed. Península)). Se hace historia o no se hace. Pero verdaderamente, en cuanto a la muerte del padre, la noticia no corre de prisa. Nos equivocaríamos si embarcásemos a Nietzsche en esa historia. Pues Nietzsche no es el que rumia la muerte del padre y pasa todo su paleolítico interiorizándolo. Por el contrario, Nietzsche está profundamente cansado de todas estas historias construidas alrededor de la muerte del padre, de la muerte de Dios, y quiere poner fin a los discursos interminables sobre este tema, discurso ya de moda en su tiempo hegeliano. Pero se equivocó; los discursos, por desgracia, han continuado. Nietzsche quería que se pasase por fin a las cosas serias. Da doce o trece versiones de la muerte de Dios para hacer buen peso y que ya no se hable más, para convertirlo en un acontecimiento cómico. Explica que este acontecimiento no posee estrictamente ninguna importancia, que verdaderamente no interesa más que al último papa: Dios, muerto o no, el padre, muerto o no, todo viene a ser lo mismo, puesto que la misma represión general y la misma represión prosiguen, aquí en nombre de Dios o de un padre vivo, allí en nombre del hombre o del padre muerto interiorizado. Nietzsche dice que lo importante no es la noticia de que Dios está muerto, sino el tiempo que tarda en dar sus frutos. Aquí el psicoanalista levanta la oreja, cree recobrar su terreno: es harto conocido que el inconsciente tarda en digerir una noticia, incluso se pueden citar algunos textos de Freud sobre el inconsciente que ignora el tiempo y conserva sus objetos como una tumba egipcia. Sólo que Nietzsche no quiere decir exactamente esto: no quiere decir que la muerte de Dios tarde en llegar al inconsciente. Quiere decir que lo que tarda tanto tiempo en llegar a la conciencia es la noticia de que la muerte de Dios no tiene ninguna importancia para el inconsciente. Los frutos de la noticia no son la consecuencia de la muerte de Dios, sino la noticia de que la muerte de Dios no tiene ninguna consecuencia. En otras palabras: que Dios, que el padre, nunca han existido (o si acaso hace mucho tiempo, quizás en el paleolítico…). Tan sólo se ha dado muerte a un muerto, muerto desde siempre. Los frutos de la noticia de la muerte de Dios suprimen tanto la flor de la muerte como el retoño de la vida. Pues, vivo o muerto, tan sólo es una cuestión de creencia, no salimos del elemento de la creencia. El anuncio del padre muerto constituye una última creencia, «la creencia en la virtud de la increencia» de la que Nietzsche dijo: «Esta violencia manifiesta siempre la necesidad de una creencia, de un sostén, de una estructura…» Edipo-estructura.

Engels alababa la genialidad de Bachofen por haber reconocido en el mito las figuras del derecho materno y del derecho paterno, sus luchas y sus relaciones. Pero desliza un reproche que lo cambia todo: se diría que Ba-chofen cree en ellos, que cree en las Erinias, en Apolo y Atenea (Engels, L’Origine de la famille, Ed. Sociales, pág. 19, prefacio (tr. Cast. Ed. Fundamentos, 1981)) . El mismo reproche y aún más podemos dirigir contra los psicoanalistas: se diría que creen en el mito, en Edipo, en la castración. Responden: la cuestión no radica en saber si nosotros creemos en ello, sino en saber si el propio inconsciente cree. Pero, ¿qué es este inconsciente reducido al estado de creencia? ¿Quién le inyecta la creencia? El psicoanálisis sólo puede convertirse en una disciplina rigurosa si pone entre paréntesis a la creencia, es decir, si realiza una reducción materialista de Edipo como forma ideológica. No se trata de decir que Edipo es una falsa creencia, sino que la creencia es necesariamente algo falso que desvía y ahoga la producción efectiva. Por ello los videntes son los menos creyentes. Cuando relacionamos el deseo con Edipo, nos condenamos a ignorar el carácter productor del deseo, lo condenamos a vagos sueños o imaginaciones que no son más que expresiones conscientes, lo relacionamos con existencias independientes, el padre, la madre, los genitores, que todavía no comprenden sus elementos como elementos internos del deseo.”

Deleuze y Guattari, El Anti Edipo, trad. Francisco Monge, 13a impresión, Barcelona: Paidós, 1917. pág. 113.

Freud, el esquizofrénico

“When we think in abstractions there is a danger that we may neglect the relations of words to unconscious thing-presentations, and it must be confessed that the expression and content of our philosophizing then begins to acquire an unwelcome resemblance to the mode of operation of schizophrenics.”

Sigmund Freud, “The Unconcious”

Leer es rumiar

“Para practicar de este modo la lectura como arte se necesita ante todo una cosa que es precisamente hoy en día la más olvidada (…), una cosa para la cual se ha de ser casi vaca y, en todo caso, no “hombre moderno”: el rumiar…” (“Prólogo”, Genealogía de la moral, Madrid: Alianza, 2005, pág. 31). Las definiciones que ofrece la RAE de “rumiar” son las siguientes: “1. tr. Masticar por segunda vez, volviéndolo a la boca, el alimento que ya estuvo en el depósito que a este efecto tienen algunos animales. 2. tr. coloq. Considerar despacio y pensar con reflexión y madurez algo. 3. tr. coloq. Rezongar, refunfuñar.” Las tres definiciones de “rumiar” funcionan para explicar lo que quiere decir Nietzsche sobre la lectura. Es necesario al leer rezongar y refunfuñar sobre lo que estamos leyendo, así nos volvemos activos en la lectura. Pero también es necesario “considerar despacio y pensar con reflexión y madurez”; al punto en que, como lo indica la definición de la palabra, es necesario “masticar por segunda vez, volviéndolo a la boca, el alimento” teórico que hemos ingerido.

Un pensamiento trágico en el que el dolor transmuta en alegría

“While ethics is an essential branch of philosophy that deals with character, behavior, and institutional practices, it is sometimes treated as a synonym for ‘morality’. However, inspired by Spinoza, who asked why people stubbornly fight for their own servitude as
if it were their salvation (see Preface of the Theologico-Political Treatise), Deleuze makes an important distinction along those lines: on the one hand, morality involves imperatives that are often grounded in a transcendental (that is, inaccessible) law that people may blindly follow, and on the other hand, ethics involves capacity or power. In other words, morality asks what people should do, while ethics asks what people can do. Although this version of ethics might sound dangerous, it is important to note that ‘power’ is not meant in the Hobbesian sense: whereas Hobbes famously asserted that the exercise of our power in a state of nature involves a permanent state of war, where we all have a right to everything, and also that we ought to give up our power to live in peace, Spinoza, by contrast, argued that we have less power in a state of nature, not more (Deleuze remarks that it is a state of ‘impotence and slavery’ where we are subjected to external causes that we cannot comprehend). Spinoza’s conclusion in the Ethics is that because people are the most ‘useful’ thing in nature to other people, we ought to endeavor to form relations with them (provided that they too recognize this and live ethically through active affects, or adequate ideas). Thus, society may form a system of rewards and punishments for those who are enslaved to passions, but the incentive for entering into it is that other people enable us to exercise our capacity or power more so than we could in a ‘state of nature’.

This notion of ethics becomes somewhat transformed in Deleuze’s reading of Nietzsche’s work, especially with regard to the eternal return. In this case, Deleuze emphasizes that while the eternal return may be a cosmological and speculative notion, its consequences are actually extremely practical. For example, Nietzsche’s famous parable of the demon who asks whether you would want to re-live this life ‘innumerable times again’, could be considered as a curse or as a blessing: a curse (and a ‘weight’), if you think that your life ought to be a certain way, and resent circumstances that you think should have been otherwise; however, it is a blessing if you affirm that there is no particular desirable outcome, that all circumstances must ‘return’ and be affirmed (as in the case with Spinoza, it is a question of your capacity to endure and affirm all possibilities). The answer to the demon’s riddle is perhaps, from this Deleuzian perspective, that the only desirable life is one that incorporates ‘chance’ (that affirms all possibilities, or all outcomes of the ‘dice throw’); any life whose outcomes are determined in advance is denying the eternal return of all outcomes. In this case, our affective disposition is central to a conception of ethics (as in Spinoza), in terms of a capacity or power, but the emphasis is on the necessity of chance as the condition of novelty and joy (it is a ‘tragic thought’, where pain is essentially ‘transmuted’ into joy), in distinction from the Spinozist correlation of chance with confusion, sadness, and powerlessness.”

(La entrada “Ética” en  The Deleuze and Guattari Dictionary por Eugene B. Young, Gary Genosko y Janell Watson).

“Para acabar con el juicio de Dios”, (parte final) reconstrucción sonora dirigida (hasta donde entiendo) por Taniel Morales


Música de guitarra y narrador, imitando la entonación de Artaud en el programa de radio y poema “Pour en finir avec le jugement de Dieu”. Audio encontrado en 

 

 

“No ser idéntico a uno mismo, abrazar e intensificar las crisis, transformar los pequeños cambios en otros más amplios, entre otras estrategias: uno no tendría que simplemente observar estos fenómenos, uno tendría que performarlos y explorarlos a la manera de un actor”

“Me-ti said: it is advantageous, not merely to think according to the great Method but to live according to the great Method as well. Not to be identical with oneself, to embrace and intensify crises, to turn small changes into great ones and so forth – one need not only observe such phenomena, one can also act them out. One can live with greater or fewer mediations, in more numerous or less numerous relationships. One can aim at or strive for a more durable transformation of one’s consciousness by modifying one’s social being. One can help to make the institutions of the state more contradictory and thereby more capable of development.”

Bertolt Brecht

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