bordarretazos

Trasvase

“En un primer análisis de la decisión ejecutiva de Peña Nieto del pasado 5 de junio, publicadas en el Diario Oficial de la Federación el 6 de junio, la coalición Agua para Todos encontró que “estos decretos van a permitir a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) garantizar los volúmenes de agua que están exigiendo las empresas mineras, petroleras y privatizadoras de sistemas urbanos de agua, a costa de los derechos de los pueblos indígenas, núcleos agrarios, comunidades rurales y los sectores populares urbanos”.

Los decretos del ejecutivo federal favorecen los trasvases de agua a gran escala como los que ocurren o están diseñados en varios megaproyectos hidráulicos: el sistema Cutzamala del estado de México a la Ciudad de México; Monterrey VI que prevé trasvase del agua del río Pánuco a Monterrey, o la presa y acueducto El Zapotillo que pretende trasvasar aguas del río Verde de Los Altos de Jalisco al complejo industrial de El Bajío de Guanajuato.

Los trasvases de agua de una cuenca a otra, según explican los especialistas, son uno de los casos más evidentes de despojos de bienes comunes. En este caso, se despoja el agua de las comunidades indígenas o agrarias que han cuidado y protegido este bien común para que de pronto, mediante agresivos proyectos de “desarrollo”, se les expropie ese bien para llevarlo a grandes áreas urbanas.

Pero además, la coalición Agua para Todos estimó que los decretos de levantamiento de veda anunciados por Peña Nieto el 5 de junio, podrían poner en riesgo hasta 50 mil concesiones sin título actualizado o vigente de comunidades indígenas o núcleos agrarios, quienes tenían “las dotaciones del líquido por decreto presidencial, pero esta figura cambió en la ley de Aguas Nacionales y no las renovaron”.

No hay que ser un genio para prever hacia donde se dirigen los cuerpos de agua con las nuevas concesiones previstas: hacia todas las actividades extractivas como minería, explotaciones energéticas, fracking, hidroeléctricas, actividades industriales, desarrollos turísticos e inmobiliarios.”

Aquí la nota: http://www.sinembargo.mx/17-06-2018/3429702

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“Let Them Eat Chaos” de Kate Tempest subtitulado

“Puedo imaginarme perfectamente que alguien dude siempre, antes de abrir la puerta de su casa, si acaso no se ha abierto un abismo detrás de él y que decida cerciorarse de ello antes de entrar y puede resultar alguna vez finalmente que tenga razón”

Ludwig Wittgenstein, Investigaciones filosóficas

“¿Con cuántas casas o calles comienza una ciudad a ser ciudad?”

¿Es nuestro  lenguaje algo completo? ¿Lo era antes de “incorporarle el simbolismo químico y la notación infinitesimal”? “Éstos [últimos] son, por así decirlo, suburbios de nuestro lenguaje… [Por ello] nuestro lenguaje puede verse como una vieja ciudad: una maraña de callejas y plazas, de viejas y nuevas casas, y de casas con anexos de diversos períodos; y esto rodeado de un conjunto de barrios nuevos con calles rectas y regulares y con casas uniformes.”

“¿Pero con cuántas casas o calles comienza una ciudad a ser ciudad?”.

(Wittgenstein, Investigaciones filosóficas, parágrafo 18)

Montaigne sobre la máxima “conócete a ti mismo”

a través de Montaigne sobre la máxima “conócete a ti mismo”

“Preferiría entenderme bien a mí mismo que entender a Cicerón. Harto tendría con mi propia experiencia para hacerme sabio, si fuera buen estudiante. Quien conserva en su memoria los excesos de su pasada cólera y hasta dónde le llevó esa fiebre ve la fealdad de esta pasión mejor que leyendo a Aristóteles, y alimenta odio más justo contra ella. Quien recuerda los males que ha sufrido, aquellos que lo han amenazado, las livianas circunstancias que le han hecho pasar de un estado a otro, preparase así a las mutaciones futuras y a la asunción de su condición. No es la vida de César más ejemplar que la nuestra, para nosotros; y por emperadora o popular que sea, siempre será una vida expuesta a todos los acontecimientos humanos… ¿Quien se acuerde de tantas y tantas veces como ha errado su propio juicio no es un necio si no desconfía de él para siempre? Cuando la razón ajena me convence de la falsedad de una idea, no aprendo tanto lo nuevo que me ha dicho, ni esa ignorancia particular (poco fruto sería), como aprendo en general mi debilidad y la traición de mi entendimiento; por lo cual llego a dominar todo el conjunto. Con todos mis demás errores hago lo mismo; y siento que es esta regla muy útil para la vida… El aprender que se ha dicho o hecho una necedad, no es nada; es menester aprender que se es un necio, enseñanza harto más amplia e importante… Si cada cual espiase de cerca los efectos y las circunstancias de las pasiones que lo dominan, como he hecho yo con aquella a la que he tocado en suerte, veríalas venir y aminoraría algo su impetuosidad y su carrera. No siempre se nos echan encima de repente; hay amenazas y grados. ‘Así al primer soplido el mar empieza a blanquearse, poco a poco las olas se agrandan y más alto se levantan, y del fondo del abismo suben hasta las nubes’ (Virgilio, Eneida). Ocupa el juicio en mí lugar magistral, o al menos esfuérzase por ello laboriosamente; deja que mis apetitos vayan a su aire, y el odio y el amor, incluso el que me profeso a mí mismo, sin alterarse ni corromperse. Si no puede reformar a su modo mis otros aspectos, al menos tampoco se deja reformar por ellos: hace juego aparte.

La advertencia de que cada cual se conozca ha de ser de gran trascendencia, puesto que aquel dios de ciencia y de clarividencia lo hizo poner en el frontal de su templo, como si comprendiera todo cuanto había de aconsejarnos. Dice también Platón que la prudencia no es sino el cumplimiento de esta ordenanza, y Sócrates lo demuestra detalladamente a través de Jenofonte. No se perciben las dificultades y la oscuridad de cada ciencia si no se adentra uno en ella. Pues también es menester cierto grado de inteligencia para poder percatarse de que se ignora, y es menester empujar una puerta para saber que nos está cerrada. De donde nace esta sutileza platónica de que ni aquellos que saben han de preguntarse, puesto que saben, ni aquellos que no saben, puesto que para preguntarse es menester saber sobre lo que uno se pregunta. Y así, en esta de conocerse a sí mismo, el que cada cual este tan resuelto y satisfecho, el que cada cual crea estar lo bastante enterado, significa que nadie entiende nada de nada, como enseña Sócrates a Eutidemo según Jenofonte. Yo, que no pretendo otra cosa, hallo profundidad y variación tan infinita, que mi aprendizaje no tiene más fruto que el de mostrarme cuánto me resta por aprender. A mi tan a menudo reconocida debilidad debo la inclinación que tengo a la modestia, a la obediencia de las creencias que me han sido ordenadas, a una constante frialdad y moderación de ideas, y el odio por esa arrogancia importuna y discutidora que se cree y se fía por entero de sí misma, enemiga capital de la disciplina y de la verdad. Oídles perorar: al proferir las primeras necedades hácenlo al estilo con el que se establecen religiones y leyes. ‘Nada más indigno que dar paso a la aserción y a la decisión antes de la percepción y del conocimiento’ (Cicerón, Académicas)… Son la afirmación y la obstinación signos manifiestos de necedad. Se habría ido ido éste de bruces al suelo al menos cien veces en un día: hele ahí tan gallito, tan resuelto y entero como antes; diríais que le han imbuido después un alma nueva y un nuevo rigor de entendimiento, y que le ocurre como a aquel antiguo hijo de la tierra, que recuperaba nueva firmeza con la caída, fortaleciéndose, ‘al tocar la tierra, su madre, sus miembros desfallecidos recobran nuevas fuerzas’ (Lucano, Farsalia). ¿Cree acaso este testarudo rebelde hacerse con nueva inteligencia por empezar una nueva discusión? Declaro por mi propia experiencia la ignorancia humana, lo cual es, a mi parecer, el partido más seguro de la escuela del mundo.”

Michel de Montaigne, “De la experiencia” en Ensayos (trad. Almudena Montojo, Madrid: Cátedra, 2006), págs. 333-336.

“Sería preciso que el individuo se captara a sí mismo como acontecimiento. Y que el acontecimiento que se efectúa en él fuera captado como otro individuo injertado en él” Deleuze

“Sería preciso que el individuo se captara a sí mismo como acontecimiento. Y que el acontecimiento que se efectúa en él fuera captado como otro individuo injertado en él. Entonces, este acontecimiento no sería comprendido ni querido ni representado sin comprender y querer también a todos los otros acontecimientos como individuos, sin representar todos los otros individuos como acontecimientos. Cada individuo sería como un espejo para la condensación de las singularidades, cada mundo una distancia en el espejo (…) es el descubrimiento nietzscheano del individuo como caso fortuito, tal como lo ha recogido y recuperado Klossowski en una relación esencial con el eterno retorno: de ahí «las vehementes oscilaciones que trastornan a un individuo mientras no busca más que su propio centro y no ve el círculo del que él mismo forma parte, porque si estas oscilaciones lo trastornan es porque cada una responde a otra individualidad que la que cree ser desde el punto de vista del centro inencontrable; por ello, una identidad es esencialmente fortuita y una serie de individualidades debe ser recorrida por todas y cada una, para que la fortuidad de ésta o aquélla las haga a todas necesarias» (…) elevamos cada acontecimiento a la potencia del eterno retorno para que el individuo, nacido de lo que sucede, afirme su distancia con cualquier otro acontecimiento y, al afirmarla, la siga y la despose pasando por todos los otros individuos implicados por los otros acontecimientos, y extraiga de ahí un único Acontecimiento que no es sino él mismo de nuevo, o la libertad universal (…) Contra-efectuando cada acontecimiento, el actor-bailarín extrae el acontecimiento puro que comunica con todos los otros y vuelve sobre sí mismo a través de todos los otros, con todos los otros.”

Gilles Deleuze, Lógica del sentido

La Peña de Bernal y el rastro de fuerzas geológicas imperceptibles

PeñaDeBernal

“Uno cruza la meta como puede y no como debe”

“Escribir es tener orgullo y humildad. En ese orden. Orgullo para profetizar, como Zola: “Seré Balzac o nada”. Humildad para admirar la gloria de ese otro que ha visto lo que nosotros hemos creído ver. Uno cruza la meta como puede y no como debe. No se trata de falta de esfuerzo sino de plena conciencia de los poderes con los que contamos. Es posible expandirlos, entrenarlos, pero íntimamente sabemos lo que somos.”

Fragmento del ensayo “La Invencible” de Vicente Quirarte, descargable aquí:

http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/0112/quirarte/01quirarte.html

Fragmentos del ensayo “La invencible”, de Vicente Quirarte

versión integra del texto aquí: http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/0112/quirarte/01quirarte.html

“Los auténticos vencidos no se salvan. Logran hacerlo, a veces, los enamorados. Voraces como nadie, el amor los parte con un rayo seco y les otorga la posibilidad de la resurrección. Los otros se arrojan seguros de llevar un ancla al cuello. Quien evade a la Parca, desquicia las agujas del cuadrante: su tiempo no ha llegado. Únicamente el samurái que se hunde su obediente acero, altivo y fulgurante como nunca, es señor de la vida y la muerte.

(…)

¿Por qué traer a Bartleby, a leerlo otra vez, precisamente hoy, a La Invencible? Tal vez para convencerme de que añadir una línea más a todo lo escrito es una tarea imposible pero que siempre habría caminos para decir de otro modo los mismo. Seguramente, cuando a mi padre le aconsejaron que aceptara vivir una existencia mutilada, con sus ojos ya en otra parte contestó: ‘Preferiría no hacerlo’: en todo cuanto hizo se dedicó a ser fiel a esta verdad, basada en la estoica negación. Puso sus mejores cartas a la palabra escrita. No escribir era morir.

(…)

Uno de los últimos días de su vida lo vislumbré en un café cercano a Insurgentes al que solía ir en compañía de sus alumnos y donde compensaba sus prolongadas estancias con espléndidas propinas. Desde la calle lo descubrí solo, acodado en una mesa, en una inmovilidad desoladora. Su rostro ya no estaba en este mundo y una mirada ceniza invocaba con urgencia la piedad de la muerte. Me seguí de largo, con la inmediata mandíbula del remordimiento afianzada en la carne del alma. Mi instinto vital me alejaba de quien se hundía con el barco, pero que dentro de su personal maremoto todo lo preparaba para que el resto de la tripulación no se perdiera. Su actitud física –reflejo de su alma– era la del ángel de Durero: rodeado de todos los instrumentos para trazar y construir lo que sus habilidades le exigían, aquellas para las que estaba preparado, su gesto amargo lo transformaba en su peor enemigo, lo hacían blanco impecable de sus insospechables e íntimos dolores. Alguien muy sabio y longevo, Johann Wolfgang Von Goethe, escribió que la actividad fresca y renovada es la única manera de sobre ponerse a la adversidad. De esas últimas semanas en que mi padre estuvo en el mundo con qué alegría y alivio lo descubrí una mañana, recién bañado y luminoso, de pie en su escritorio, que evocaba al de Hemingway. Me invadía entonces la pasajera y consoladora seguridad de que era capaz de vencer las tempestades que lo amenazaran a él y a los de su barco.

La Invencible. El mismo adjetivo, igualmente con mayúscula, utilizó Felipe II para bautizar a su Armada. Invencible cada uno de sus bronces y velas, jarcias y mascarones. La derrotaron los elementos antes que sus humanos enemigos. A esta otra nada la vence. Por eso impone el inaudito poder de la minúscula: invencible es la vida y no la muerte.

(…)

Hoy es domingo y he rebasado la edad que mi padre tenía cuando decidió abandonar el mundo, incapaz de enfrentar ya no victoriosa sino decorosamente a La Invencible. Hoy soy más viejo que mi padre. Hoy mi padre es el hijo que no tengo.

(…)

Rubén Bonifaz Nuño nació el mismo día y el mismo año en que mi padre biológico vino al mundo. En este barrio, el niño Rubén soñaba con ser héroe y mago. Sus compañeros más hondos, llamados Salgari, Dumas y Rider Haggard, lo hicieron lector. Más aun, protagonista de combates en que llevó a la práctica la condición de la aventura con el anunciado riesgo del fracaso, suprema iluminación del que se arriesga. A sus ochenta y seis años, los mismos que ahora tendría mi padre, traba combate diario por la vida, enfrenta sus cotidianas humillaciones con estoicismo y entereza y nos hace entender cada día más el sentido de aquel verso suyo donde afirma que “es mejor sufrir que ser vencido”. Mi padre Martín dejó de creer que al escribir para uno se escribe para otro. Y ese otro, que acaso nunca conoceremos, nos justifica sin saberlo él ni nosotros, porque con él labramos la más poderosa armadura.

(…)

Tras el disparo de salida en las carreras de larga distancia, el mayor de los estímulos es la frase “Los esperamos a todos en la meta”. Cuando los de mediano rendimiento llegamos a la mitad de la competencia, es un honor ver a los punteros, kenianos con piernas de antílope, cercados por carencias y dobles ansias de vencerlas. Sabemos que ellos llegarán antes que todos. Uno sigue corriendo, seguro de no tener el cuerpo, la condición, la disciplina del que encabeza ese nosotros afanoso y gratuito al que consagramos cada minuto y cada esfuerzo de ese día. Al vislumbrar la meta y cruzarla con el último aliento, somos parte del héroe que hizo lo mismo que nosotros pero lo hizo mejor. Así con la escritura. Escribir es tener orgullo y humildad. En ese orden. Orgullo para profetizar, como Zola: “Seré Balzac o nada”. Humildad para admirar la gloria de ese otro que ha visto lo que nosotros hemos creído ver. Uno cruza la meta como puede y no como debe. No se trata de falta de esfuerzo sino de plena conciencia de los poderes con los que contamos. Es posible expandirlos, entrenarlos, pero íntimamente sabemos lo que somos. La expresión “Los esperamos a todos en la meta” puede ser hermana de la frase amarga y soberbia de Salieri cuando dice a su confesor: “Bienvenido al Universo de los mediocres”. En su sentido más hondo, subraya la sabiduría ancestral rescatada por uno de nuestros más jóvenes clásicos:

Después me dijo un arriero
que no hay que llegar primero
sino hay que saber llegar.

 

Octubre de 1993. No me duele una mujer en todo el cuerpo, como en el verso que Borges concibió para los vulnerados. Me lastima cada uno de mis músculos tras haberlos sometido al esfuerzo de medio maratón. Correr es como escribir. No hacerlo acabaría con ese inexplicable y absurdo sufrimiento. Pero también con el goce más sublime y pleno logrado en soledad. Me baña, con el mismo vigor y contundencia de la regadera que me bautiza como la primera vez, el fragmento del epistolario de Flaubert, al que acudía mi padre con frecuencia: “Pero la vida es tan corta. Nunca escribiré lo que quiero, ni la cuarta parte de lo que sueño. Toda esta fuerza que se siente y que te asfixia, habrá que morir sin haberla desbordado”.

 

A La Invencible se llega con preguntas. Nunca se sale con respuestas. El primer caballo de tequila que invade el estómago vacío abrillanta hasta la última de las piedras del barrio, como cuando sobre ellas cae una lluvia prolongada y nos otorga la momentánea ilusión de que será más breve la distancia entre experiencia y escritura. Para que el fuego nacido del impacto sea fruto de la sustancia y no del artificio. Alejar las palabras de la vida para que a ella más se acerquen. Me llega, como muchas otras imágenes reincidentes, una de los últimos días que vivimos en el centro antes de irnos a la colonia Roma, tierra entonces ignota y prometida. Papá se encuentra en el interior del único
coche que tuvo. Mientras llega el muchacho que manejaba para él, espera, leyendo como siempre. Una parroquiana de La antigua Roma, que parece salida de una película de Ismael Rodríguez, se le acerca, curiosa e insolente. Junto a su aliento fermentado, le lanza una pregunta que es afirmación al descubrir a un ser en apariencia ajeno a la fauna del barrio: “Ese mi valedor, de qué las compone”. Mi padre la mira y lanza espontáneamente la carcajada infantil que nunca debió de haberlo abandonado. A ella me aferro para que no me abandone.
En su última clase, el maestro Quirarte dejó un solo trabajo. Con el paso de los años he aprendido que consiste en escribir la carta que no pudo dejarnos. Su herencia fue la vida, la invencible. Su ejemplo final nos ha llevado a intentar agotarla, abrirle las piernas, seducirla sin tregua para lograr sus más altos dones. Como la escritura, puede ser conquistada por momentos, siempre y cuando seamos dignos de las armas para combatirla, hacerla nuestra aliada y vencer al común enemigo.”

Vicente Quirarte, “La invencible” texto descargable aquí: http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/0112/quirarte/01quirarte.html

“Así actuamos nosotros, los brujos, no según un orden lógico, sino según compatibilidades o consistencias alógicas: el esquizoanálisis o la pragmática no tienen otro sentido”

Así actuamos nosotros, los brujos, no según un orden lógico, sino según compatibilidades o consistencias alógicas. La razón es muy simple. Nadie, ni siquiera Dios, puede decir de antemano si dos bordes se hilarán o constituirán una fibra, si tal multiplicidad pasará o no a tal otra, o si tales elementos heterogéneos entrarán ya en simbiosis, constituirán una multiplicidad consistente o de cofuncionamiento, apta para la transformación. Nadie puede decir por dónde pasará la línea de fuga: ¿se dejará hundir para volver a caer en el animal edípico de la familia, un simple Podenco? ¿O bien caerá en el otro peligro, el de transformarse en línea de abolición, de aniquilación, de autodestrucción, Achab, Achab…? Nosotros conocemos muy bien los peligros de la línea de fuga, y sus ambigüedades. Los riesgos siempre están presentes, pero siempre existe también una posibilidad de escapar a ellos: en cada caso se dirá si la línea es consistente, es decir, si los heterogéneos funcionan efectivamente en una multiplicidad de simbiosis, si las multiplicidades se transforman efectivamente en los devenires de paso. Pongamos un ejemplo tan simple como: x vuelve a tocar el piano… ¿Se trata de una vuelta edípica a la infancia? ¿Se trata de una manera de morir en una especie de abolición sonora? ¿Se trata de un nuevo borde, como una línea activa que va a entrañar otros devenires, devenires completamente distintos que el devenir o redevenir pianista, y que va a inducir una transformación de todos los agenciamientos precedentes en los que x estaba prisionero? ¿Una salida? ¿Un pacto con el diablo? El esquizoanálisis o la pragmática no tienen otro sentido: haz rizoma, pero no sabes con qué puedes hacerlo, qué tallo subterráneo hará efectivamente rizoma, o hará devenir, hará población en tu desierto. Experimenta.”

Deleuze y Guattari, Mil mesetas, pág. 255

The Dynamics of Transformation

"The essence of life is the teleological introduction of novelty." Alfred North Whitehead

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