La perversión no consiste en “jugar con los límites”, desde lo alto de una mala ironía, sino en producir del otro lado del límite un doblez ideal que es su reversión o desviación

“Cuando Maimón se pregunta: “ ¿Soy kantiano? ¿Soy antikantiano?”, ¿no hay allí una pregunta de perverso? Es todo el humor del perverso: obedecer con tanto celo que al final la ley se ve invertida puesto que termina por favorecer lo que se suponía prohibir. De allí el gran interés de Deleuze por el masoquismo, y especialmente por su “espíritu jurídico”. Precisamente, la denegación en Masoch — tan importante para la perversión en general— “no consiste en negar y ni siquiera en destruir, sino mucho más que eso, consiste en impugnar la legitimidad de lo que es, en someter lo que es a una suerte de suspensión, de neutralización, aptas para abrir ante nosotros, más allá de lo dado, un nuevo horizonte no dado». ¿La perversión como crítica de los fundamentos, en el nombre mismo de la búsqueda más celosa de un fundamento?

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