Todas las economías, incluida la capitalista, están organizadas alrededor de una idea-límite que si se cruza nos llevará a otra forma de vida

«Límite y umbral

Todas las economías involucran intercambio. Según Deleuze y Guattari, es sólo en apariencia que el intercambio se organiza según un principio de equivalencia que se aplicaría de manera puntual en cada acto de intercambio entre dos individuos: por ejemplo, la equivalencia entre un bien de un cierto tipo y otro realizado puntualmente en un trueque. El intercambio, sin embargo, no es puntual. Tiene un orden serial que implica una colectividad. Deleuze y Guattari argumentan que las series de intercambios están, de hecho, organizadas como una función de un límite. El límite es “la Idea de los últimos objetos recibidos, o más bien receptibles, en ambos casos, respectivamente” (Deleuze and Guattari, 2002, p. 445). Aquí, “últimos” no significa “el más reciente, ni el último, sino más bien el penúltimo, es decir, el último antes de que el intercambio aparente deje de resultar atractivo para los intercambistas, o les obligue a modificar su agenciamiento respectivo, a entrar en otro agenciamiento” (Deleuze and Guattari, 2002, p. 445). Atractivo: la idea del límite es cualitativa. La idea-límite del penúltimo intercambio, después del cual la serie de intercambios cambiaría intuitivamente, informa cada acto puntual de comercio. De esta manera, hay una evaluación cualitativa que subyace a cada “equivalencia” producida por un intercambio y que mantiene la posibilidad de que la serie de intercambios pueda continuar como antes. Lo atractivo de mantener la actividad de intercambio es esencialmente la deseabilidad de mantener la forma de vida asociada con los objetos intercambiados.

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