bordarretazos

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“Mi felicidad” por Friedrich Nietzsche

“Desde que me cansé de buscar,

aprendí a encontrar.

Desde que un viento se me opuso,

navego con todos los vientos.”

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“Al mistral / Canción de baile”, Friedrich Nietzsche

Viento mistral, cazador de nubes,

asesino de la melancolía, barredor del cielo,

rugiente, ¡cómo te amo!

¿No somos ambos los dones primogénitos

de un mismo regazo, predestinados

eternamente a la misma suerte?

 

Por caminos de piedra rocosos

bailando corro a tu encuentro,

bailando, mientras tú silbas y cantas:

tú, que sin barco y sin remo

como el más libre hermano de la libertad

saltas sobre mares embravecidos.

Despierto a penas, escuché tu llamado,

me abalancé a los acantilados,

hacia la pared amarilla junto al mar.

¡Salud! Entonces ya llegabas tú, como raudos

torrentes de diáfanos diamantes,

victorioso desde las montañas.

 

Por las llanas eras celestes

vi el galope de tus corceles,

vi el carruaje que te lleva,

vi alzarse tu propia mano

cuando el látigo cual rayo

sobre sus lomos golpea.

 

Te vi saltar del carruaje,

abalanzarte aún más rápido hacia abajo,

te vi recortado como una flecha

caer vertical hacia lo profundo, –

como un rayo de oro entre las rosas

derramarte en la primera aurora.

 

Baila ahora sobre mil lomos,

lomos de olas, perfidias de olas,

¡Viva aquel que crea nuevos bailes!

Bailemos de mil maneras,

libre –sea llamado nuestro arte,

jovial – ¡nuestra ciencia!

 

Quitemos de cada flor

el botón en nuestro honor,

dos hojas para la guirnalda.

Como trovadores bailemos

entre santos y rameras,

entre Dios y el mundo ¡el baile!

 

Quien no sepa bailar con los vientos,

quien en vendas tenga que estar envuelto,

atado, anciano y lisiado,

quien es allí como el burlón hipócrita,

majadero de las virtudes, ganso de las virtudes,

¡fuera de nuestro paraíso!

 

Arremolinemos el polvo de la calle

en las narices de los enfermos,

¡ahuyentemos los brotes de enfermedad!

¡Separemos todas las costas

del aliento de los pechos estériles,

de los ojos sin coraje!

 

Cacemos a los turbadores del cielo,

ennegrecedores del mundo, acumuladores de nubes,

¡despejemos el reino del cielo!

Rujamos… oh, espíritu de todos

los espíritus libres, contigo a dúo

ruge como la tormenta mi felicidad.

 

Y para que sea eterna la memoria

de esa felicidad, toma su legado,

¡eleva hasta aquí contigo la guirnalda!

Lánzala más alto, más lejos, más distante,

toma por asalto lo alto de la escalera del cielo,

cuélgala – ¡de las estrellas!”

“…mas qué es el sexo: una actitud, como el arte en general, así lo he comprendido. Estoy aquí.”

¿Dónde ha quedado esa noche, tan calida y extraña, en la que nadie siente más miedo de sí mismo?

“Querida Prudencia, ¿acaso no vendrás a jugar conmigo?”

“Esquirla”

“La sangre de la pequeña herida
en el dedo gordo del pie derecho,
es un minúsculo estanque.
Parece que no es nada:
minúsculo estanque bermellón
naciendo de la astilla de una botella rota.
Minúscula también, la herida
no permite el paso.

Sólido y fino entra el ámbar 
y se derrama el rojo,
y el rojo, luego de un tiempo, se endurece en ocre:
todo es parte de una tonalidad que regresa,
una diminuta evolución cromática en la punta del dedo gordo.

En la esquina remota que mi vista no alcanza
está el aguijón de un problema (cualquier problema);
más valdría no haberlo descubierto
porque no sé cómo sacarlo.”

Poema del libro: http://undioslubricante.com/ de Tania Carrera

“¿Siente usted que trabaja cada vez más y tiene cada vez menos (tiempo, dinero, deseo, ímpetu)?”

¿Siente usted que trabaja cada vez más y tiene cada vez menos (tiempo, dinero, deseo, ímpetu)? ¿Cree que sus vacaciones son demasiado cortas o demasiado caras o demasiado aburridas? ¿Ha sentido, al menos una vez en la vida, el deseo de llegar tarde al trabajo o de abandonarlo antes de hora? ¿Es usted un trabajador autónomo (un free lance) y cada mes su vida pende de un hilito? ¿Cuántas veces ha dejado de pagar impuestos por olvido, por falta de tiempo, por insubordinación? ¿Ha pensado que las horas que tarda en desplazarse al trabajo y en regresar a su casa podría emplearlas en hacer el amor? ¿Desde qué edad es usted un multiempleado? ¿Tiene seguridad social? ¿En qué piensa usted durante las horas muertas de la oficina? ¿Aborrece a su patrón? ¿Cuántas veces le ha ocurrido que, incluso estando fuera del trabajo, sólo puede pensar en el trabajo? ¿Sospecha usted que aun si trabajara los domingos nunca tendrá una vivienda propia? ¿Cuántas horas de su tiempo libre dedica a mirar la televisión? ¿A hojear catálogos de mercancía? ¿A gastar su sueldo? ¿A leer? ¿A no hacer nada? ¿Cuántas veces ha deseado estampar en la cabeza de su jefe el recibo de su salario? ¿O acaso es usted un productor de bienes inmateriales (un trabajador creativo) sin jefe, sin contrato, sin salario? ¿Le estremece pensar que lleva una eternidad sudando la gota gorda a cambio de un stereo all around que nunca usa, porque no tiene tiempo para usarlo? ¿Realiza labores de tres o cuatro ? ¿Qué puede hacer? ¡Pare de sufrir! MATE A SU JEFE: RENUNCIE…”

Fragmento del libro Escritos para desocupados que puede leerse aquí:  http://escritosdesocupados.com/DESCARGA_ESCRITOS.pdf

Vela

¿Ante la geolocalización de google y el rastreo del software pegasus tendrá sentido volver a pensar en las cartografías de Fernand Deligny?

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“Abandoning the politically charged atmosphere of La Borde for the desolate Cévennes region, Deligny and his colleagues continued their singular pursuit of “the network as a mode of being” — one that would be far less concerned with interpreting behavior and experience according to the hidden intentions and secret desires of individual human subjects, and more focused on “tracing” the trajectories, detours, and wander lines that compose a given social milieu. It was here that Deligny consummated his longstanding preoccupation with mapping the gestures, movements, and trajectories of the autistics living within his networks. He first experimented with cartographic tracing in the late-1960s in collaboration with a young militant filmmaker, Jacques Lin, who joined the group’s small desert encampment. Deligny, Lin, and their collaborators began to follow their autistic counterparts as they made their way through the Cévennes’s rocky terrain, making rudimentary line drawings to indicate their direction of movement across the rural encampment and into surrounding wilderness.

The tracings soon became a central aspect of the group’s activities, and the maps grew steadily more detailed and elaborate. They developed visual systems for designating the various sounds and gestures encountered along their pathways, and started to use transparent wax paper to trace the children’s daily routes. No attempt was made to interfere with their movements, or to explain or interpret them. The focus remained on the process of tracing itself. Yet distinct patterns began to emerge: certain trajectories tended to be repeated from one day to the next, and Deligny noted that some of the wandering lines seem to correspond to the conduits of underground waterways.

In his writings, he calls these cartographic trajectories lignes d’erre. This phrase might be translated as “wander lines,” “errant lines,” or “lines of drift” (Burk and Porter tend to go with the first option). The concept of the wander line is the most significant and original contribution of Deligny’s thought: it condenses, in a single stroke, his lifelong pursuit of “draining off stagnant humanisms” by unsettling the primacy of speech. He undertook the process of mapping the lines “in order to make something other than a sign.” Before phrases, words, and letters can form, there must first be lines. Tracing the quotidian trajectories of his autistic collaborators, it seems, was an attempt to return to writing’s origins, before it became codified or standardized, and when it still resembled the outlines of things encountered in moving through the world.

There is another word that Deligny often uses in relationship to mapping the wander lines: vaguer, a verb that shares a root with the French noun for “wave.” (Burk and Porter alternate between translating this word as “wandering” and “drifting.”) Like the French word vaguedrift carries with it a sense of the movement of water, as in drifting down a river (a figuration that also recalls Deligny’s comparison of his group’s provisional encampments to rafts afloat on a sea of language). Indeed, Deligny’s language continuously evokes a kind of bodily letting go — an attenuation of subjective agency and conscious intentionality, as when one surrenders to a powerful ocean current. This quality is central to what Deligny is trying to evoke with the lignes d’erre, which seem to register an epistemological slackening of the distinction between the human subject and the nonhuman forces it encounters in a given environment. “The fact that drifting has no predefined object can make one think that the subject, then, is adrift,” he writes. He insists that this is a profound error of attribution, with dire consequences: the notion of the language-grounded human subject — and what he calls its “thought-out-project” — has been a regulative norm that conditions one’s access to social existence. In place of depth-based models of human subjectivity, Deligny offers cartographic surfaces and the hand-drawn lines.”

fragmento tomado de aquí: https://lareviewofbooks.org/article/mapping-the-wander-lines-the-quiet-revelations-of-fernand-deligny/

Sobre Fernand Deligny, el arácnido

“FERNAND DELIGNY found many ways of describing himself: primordial communist, nonviolent guerrilla, weaver of networks, cartographer of wandering lines. A visionary but marginalized figure often associated with the alternative and anti-psychiatry movements that emerged in the decades after World War II, Deligny (1913–1996) remains difficult to categorize — an enigmatic sage. Beginning in the 1950s, Deligny conducted a series of collectively run residential programs — he called them “attempts” (or tentatives, in French) — for children and adolescents with autism and other disabilities who would have otherwise spent their lives institutionalized in state-run psychiatric asylums. After settling outside of Monoblet in the shadow of the Cévennes Mountains in southern France, Deligny and his collaborators developed novel methods for living and working with young people determined to be “outside of speech” (hors de parole).

 

Militantly opposed to institutions of every kind — he occasionally referred to his small group as living like a band of nonlethal guerillas — Deligny was critical of the dominant psychiatric, psychoanalytic, and positivist educational doctrines of the time. He rejected the view that autism and cognitive disability were pathological deviations from a preexisting norm. He did not try to force the mostly nonspeaking autistics who came to live with them to conform to standards of speech. Instead, Deligny and his collaborators were “in search of a mode of being that allowed them to exist even if that meant changing our own mode.” They sought to develop “a practice that would exclude from the outset interpretations referring to some code” — anticipating, by several decades, some of the central tenets of the neurodiversity and autistic self-advocacy movements: “We did not take the children’s ways of being as scrambled, coded messages addressed to us.”

 

Patricia Arredondo

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