A la ‘Cantata Laxatón’ y otras entidades entrañables

por Juan Pablo Anaya

Para estimular el trabajo de mi intestino filosófico, favorecer la digestión conceptual y lograr concluir mi investigación, titulada “Gilles Deleuze o el humor como crítica inmanente” escuché durante varios meses, de manera metódica, la “Cantata Laxatón” de Les Luthiers: https://www.youtube.com/watch?v=5ffZfQwJT_w El remedio me lo recomendó Guillermo Espinoza y resultó eficaz. En septiembre del 2020, finalmente concluí el texto. Aquí pueden consultarlo: http://132.248.9.195/ptd2021/marzo/0810202/Index.html Si algún día logro publicarla la dedicatoria sin duda dirá: “A la “Cantata Laxatón” que me permitió terminar con el estreñimiento”.

Mi gratitud hacia las personas, humanas y no humanas, y las instituciones que me ayudaron a terminar este proceso también es muy grande. Aquí las enumero:

Al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, quien me apoyó económicamente para estudiar y escribir mi investigación.

A la Facultad de Filosofía y Letras, de la UNAM, que me dio la libertad y el tiempo necesarios para escribir mi tesis; y a los distintos Comités del Posgrado en Filosofía quienes han luchado para que fuera posible escribir una tesis de filosofía sin el miedo a que serías despedido a los cuatro años de duración del posgrado, si no concluías.

A la Dra. Ana María Martínez de la Escalera, por animarse a dirigir mi tesis de doctorado cuando no me conocía y darme la libertad para escribir.

A la Dra. Amanda Nuñez, por su amistad y su generosidad intelectual a lo largo de todo el proceso de mi tesis.

A María del Consuelo Arce López, por su amor y cuidados a lo largo de mi vida, por confiar en mi, acompañarme y apoyarme con su dinero cuando fue necesario.

A Gabriela Méndez Cota, por su amistad en todos estos años, por su confianza en mi trabajo intelectual y por corregir las dos tesis anteriores, la de licenciatura y maestría, que hicieron posible esta tercera.

A Guillermo Espinoza, por su amistad en todos estos años, por haberme preguntado si entendía el apartado sobre el humor en Lógica del sentido y por hablarme de la “Cantata Laxaton”.

A José Luis Cortes, por su amistad en todos estos años y contestarme el teléfono precisamente cuando la neurosis del trabajo académico me estaba orillando a hacerme daño.

A Rogelio Argüello, por su amistad deleuziana y por ayudarme a escribir el artículo sobre Nietzsche y Spinoza que me permitió aprobar la maestría cuando pensé que no la armaba.

A Paola de Anda, por su amor durante los dos primeros años de esta investigación.

A Miguel Medrano, por su amistad en todos estos años y por las muchas charlas pacientes en que siempre me animó a seguir escribiendo.

A Erin Manning y Brian Massumi por recibirme en el SenseLab y mostrarme la importancia de la crítica inmanente.

A Nala, la perrita a quien acompañé a parir a varios cínicos, y me acompañó a entender la filosofía estoica.

A Kala, la gata siamesa que me visito todas las mañanas mientras vivía en la colonia Juárez.

A Mariana Palos, por su amistad en todos estos años y por prestarme su departamento de la colonia Juárez para escribir esta tesis.

A Elsa Diez, quien revisó la redacción de varias secciones de esta tesis cuando tenía encima la prisa de las entregas.

A Jessica Beckerman, por su escucha y por acompañarme en un gozoso trabajo de crítica y clínica.

A la mariguana que cultiva el Danni que me permitió relajarme y dormir cuando era más fuerte la presión.

A Chac, el gato con el que vivo y que jugó conmigo por las madrugadas en momentos de mucha euforia creativa.

A Matilda, la gata con quien vivo, quien se acostaba sobre mí y me calmaba ronroneando cuando estaba más desesperado.

A Alberto López Cuenca, por su amistad y por escucharme cuando le pregunté cómo carajos se cerraba un proceso como este.

Finalmente:

A Mayra Roffe, quien me ha acompañado en los últimos cuatro años de esta investigación, quien me compartió de su salario para darme tiempo a que pudiera terminar, quien me ha escuchado atenta e interesada todas las veces que le platicado de Deleuze, Spinoza, o quien sea; quien leyó conmigo La cacería del Snark, de Carroll, y El castillo, de Kafka; quien gozo conmigo al conocer la obra de Bob Flanagan, quien me ayudó a hacer las imágenes/collage de la tesis y quien pulió todas las notas al pie de la investigación y me ayudó a replantear mi introducción. En síntesis, a Mayra Roffe, con quien gozo compartir la vida, por todo su amor.

A Ilai, a quien me emociona acompañar y escuchar el resto de mis días y quien me hace sentir parte del planeta Tierra.