El masoquista y su parodia del contrato social.

por Juan Pablo Anaya

“El masoquista, al derivar la ley del contrato [con su amada], no intenta suavizar la extremada severidad de la ley sino que, por el contrario, la acentúa. Porque si bien es cierto que el contrato implica en principio las condiciones de un acuerdo de voluntades, de una limitación de la duración, de una reserva de partes inalienables, la ley que de él resulta tiende siempre a olvidar su origen y a anular estas condiciones restrictivas. Así se explica esa especie de mistificación presente en las relaciones del contrato y la ley. Imaginar un contrato o cuasi contrato en el origen de la sociedad supone invocar condiciones que, no bien instalada la ley, quedan necesariamente desmentidas. Porque la ley, una vez instalada, puede ser opuesta a terceros, su validez es de duración ilimitada y no incluye ninguna reserva de partes. En lo que atañe a la desmentida en las relaciones ley–contrato, hemos visto que Sacher-Masoch acusaba su movimiento en la sucesión personal de sus contratos amorosos [que empezaban por la esclavitud y terminaban por permitirle a ella quitarle la vida a su esclavo]: como si las cláusulas del contrato, al hacerse cada vez más severas, prepararan ya el ejercicio de la ley que las desborda. Si la ley tiene por resultado nuestra esclavitud, ¿no debe situarse la esclavitud al comienzo, como el objeto terrible del contrato?” Gilles Deleuze

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