Aprender a nadar

por Juan Pablo Anaya

“El movimiento del nadador no se parece al de la ola; y, precisamente, los movimientos del profesor de natación que reproducimos sobre la arena no son nada con relación a los movimientos ‘de la ola que sólo aprenderemos a evitar cuando los captemos prácticamente como signos. Ese es el motivo por el cual es tan difícil explicar el proceso del aprendizaje: hay una familiaridad práctica, innata o adquirida, con los signos, que convierte toda educación en algo amoroso, pero también mortal. No aprendemos nada con aquel que nos dice: “haz como yo”. Nuestros únicos maestros son aquellos que nos dicen: “haz junto conmigo”, y que, en lugar de proponernos gestos que debemos reproducir, supieron emitir signos susceptibles de desarrollarse en lo heterogéneo. En otros términos, no hay ideomotricidad, sino tan sólo sensorio-motricidad. Cuando el cuerpo conjuga sus puntos notables con los de la ola, anuda el principio de una repetición que ya no es la de lo Mismo, sino que comprende lo Otro, que comprende la diferencia, de una ola y de un gesto al otro, y que transporta esta diferencia en el espacio repetitivo así constituido. Aprender es, en efecto, constituir este espacio del encuentro por medio de signos, en el que los puntos relevantes se entrelazan los unos con los otros, y donde la repetición se formula al mismo tiempo que se disfraza.”

Gilles Deleuze

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