Contra la supuesta cultura participativa de la red: una aproximación molecular a los procesos de viralidad en la red

por Juan Pablo Anaya

La mayoría de los estudios sobre la cualidad viral y especialmente aquellos sobre los medios en red enfatizan la naturaleza ‘guiada por el usuario’ de la distribución por contagio. Jean Burgess distingue esto como la diferencia cualitativa entre la publicidad viral, que instrumentaliza la viralidad de los medios, y las dinámicas ‘de abajo hacia arriba” de los videos virales, lo que engendra por el contrario una cultura de participación inventiva (2008: 101). Estas respuestas e intervenciones no obstante, a pesar de que postulan algo afuera de la red, consolidan una posición de sujeto de “participación jovial” o distanciamiento (disaffection) ninguna de las cuales busca producir una red alternativa.

Por el contrario, quiero proponer que entendamos aquello de lo cual las redes se alimentan y aceleran a su alrededor, lo que vivimos y experimentamos en línea todos los días, de maneras dinámicas desde la perspectiva de una afectividad que no está siquiera categorizada y de la que nadie es dueño. Cuando Guattari atrae nuestra atención al movimiento del afecto, nota su carácter transitivo, su capacidad para facilitar el paso entre una cosa y la siguiente (1996: 158). No podemos sorprendernos entonces de que muchos hayan notado la veloz y acelerada diseminación de la afectividad por sí misma, en marcha en los medios virales y las comunicaciones en red (Gibbs, 2001; Rushkoff, 1996). Pero sería inútil postular el afecto como el afuera sensible de las técnicas en red. Al proponer una aproximación molecular para entender el movimiento en red del “volverse viral” quiero, por el contrario, enfocarme en los movimientos y mecanismos que unen a las redes y a los afectos, porque son estos corredores que van delineándose, estas transiciones con cualidades singulares, que proveen de medios para una diseminación contagiosa” (Munster, 107).

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