“Nuestra sujeción a la ley es un efecto de la ironía. Sólo porque tenemos imágenes parciales de la ley, llegamos a imaginar una ley por encima y más allá de nuestra propia vida. Kafka se dedica a mostrar que esa ley es una ficción”

por Juan Pablo Anaya

“Lo que Deleuze y Guattari buscan demostrar mediante la historia del sujeto en El anti edipo es que este sujeto desencarnado y por encima de las circunstancias ha emergido de un proceso de crueldad y terror. Es únicamente con la tortura organizada de los cuerpos que uno puede llegar a imaginar una ‘ley’ a la que esos cuerpos estarían sujetos. El sujeto es un efecto del terror, porque es únicamente a partir del terror que producimos tanto una ley a la que todos estamos sujetos como una idea de un ‘nosotros’ universal y obediente.
La literatura, de acuerdo con Deleuze y Guattari, puede revertir/invertir esta tendencia histórica e irónica al hacernos volver a vivir la crueldad y el terror desde el cual la ley es imaginada. Kafka es a menudo leído como un autor irónico o negativo porque la “ley” siempre permanece más allá de cualquier imagen o figura de la ley; todo lo que encontramos en su obra son juicios y prohibiciones, nunca a la ley en sí misma (Derrida 1989b). Deleuze, sin embargo, ve la obra de Kafka como algo que no tiene nada que ver con la negatividad y la ironía. Los padres y los jueces en El castillo (1922) o en El proceso (1925) no son signos de una ley oculta. Por el contrario, el padre débil pero que castiga es imaginado como aquel que se encuentra en frente de una ley que no podemos alcanzar. Nuestra sujeción a la ley es un efecto de la ironía. Porque lo único que tenemos son imágenes parciales, imaginamos una ley por encima y más allá de nuestra propia vida. Kafka expone la ley como una ficción, como nada más que una serie de autoridades que tienen tal falta de fuerza y poder que tienen que presentarse a sí mismas como signos de una ley más alta. But there is nothing behind the father, the judge, the court or the priest. We need to see such fictions as signifiers, pure affects or sensations with no underlying or hidden reality. The subject, or the self subjected to an unseen law, is one fiction or image among others. By creating endless images of the law Kafka shows the law to be nothing more than the performance or image of power, with power itself being the power of images (Deleuze and Guattari 1986, 55). Before the modern notion of the subject there were just political acts of force, cruelty and terror; it is only in modernity that we imagine power or force to have a ground: the man or humanity which might act as some way of judging and organising force.”

(Colebrook, Claire, Irony, London: Routledge, pág. 143)