“La risa es un afecto debido a la transformación repentina de una tensa espera en nada” Immanuel Kant

por Juan Pablo Anaya

Según Kant, “la risa es un afecto debido a la transformación repentina de una tensa espera en nada” (“Das Lachen ist ein Affekt aus der plötzlichen Verwandlung einer gespannten Erwartung in nichts”). Es decir, explica Kant, la risa es producto de “una espera” o expectativa “defraudada”. Según Kant, en aquello que incita a una risa vivaz y convulsiva “tiene que haber algo de contrasentido”. El hecho de que sea necesario el contrasentido para provocar la risa lleva a Kant a afirmar que en lo que nos produce risa “el entendimiento no puede encontrar complacencia”. No obstante, según Kant, esta transformación de una tensa espera en nada “alegra (…) de vívida manera” debido “influencia” que tienen “las representaciones sobre el cuerpo y su efecto recíproco en el ánimo”. En este sentido, no se trata de que la representación “sea un objeto de deleite”, sino que ella produce mediante el “mero juego” contradictorio “de las representaciones, un equilibrio de las fuerzas vitales en el cuerpo”. Kant aventura una descripción del proceso que va de la broma a la risa:

“En la broma (…) el juego empieza en pensamientos que, en su conjunto, en la medida en que quieren expresarse sensiblemente, ponen también al cuerpo en actividad; y al ceder súbitamente el entendimiento en esta presentación en que no encuentra lo esperado, el efecto de esta cesación se siente en el cuerpo a través de la oscilación de los órganos que favorece el restablecimiento de su equilibrio y tiene una benéfica influencia sobre la salud.”

El proceso comienza con un juego de ciertos pensamientos, que generan una expectativa en el entendimiento, en la que finalmente no encuentra lo que buscaba. El efecto de esa espera defraudada se siente, según Kant, en el cuerpo, re-establece el equilibrio de los órganos y es benéfico para la salud.

El humor, por su parte, según Kant, es también estimulante, “se encuentra emparentado con el” tipo “de deleite que da la risa”, pero a él se agrega una cierta “originalidad del espíritu”. Esta última consiste en

“ponerse voluntariamente en una cierta disposición anímica en que todas las cosas son juzgadas muy distintamente a como es habitual (incluso al revés) y, sin embargo, conforme a ciertos principios de la razón”.

El humorista, según Kant, es aquel que “puede asumir voluntariamente” una actitud que le permite generar “una vívida presentación” que “por medio de un contraste (…) mueve a risa”. Finalmente, tanto la risa, y la broma que la provoca, como el humor, según Kant, no pertenecen al arte bello sino al “agradable”. (Citas tomadas de Kant, Immanuel, Crítica de la facultad de juzgar, §54 (trad. Pablo Oyarzún, Caracas: Monte Ávila Latinoamericana, 1991) p. 243.)

El profesor Kant solía organizar veladas para beber cerveza con amigas y amigos. Aquí tres de los chistes que Kant cuenta en la Crítica de la facultad de juzgar:

a) Un indio que en la mesa de un inglés en Surate viera abrir una botella de ale y brotar toda esa cerveza convertida en espuma, mostró con muchas exclamaciones su gran asombro. A la pregunta del inglés, de qué había en ello para asombrarse tanto, respondió: “yo no me asombro de que salga, sino de cómo lo han podido poner ustedes dentro”.

b) El heredero de un hombre rico quiere celebrar el funeral de su pariente de manera solemne. Se queja, sin embargo, de que el asunto no está saliendo bien. Dice entonces, “mientras más dinero doy a mis plañideros para que se muestren afligidos, más divertidos se les ve”.

c) Un comerciante regresando a Europa de las Indias, con todos sus bienes en mercancías, fue urgido a echar todo por la borda en una fuerte tempestad. Se apenó en tal medida de lo sucedido, que en la misma noche, pasada la tormenta, se le encaneció la peluca.