La risa sádica de las industrias culturales, según Horkheimer y Adorno

por Juan Pablo Anaya

En las industrias culturales que emergen en el siglo XX, según afirman Horkheimer y Adorno, se construye un vínculo entre el humor sádico de los productos culturales y la “risa falsa” de las masas: una risa que sería la propia de una víctima que ríe al saberse presa, como si hubiera interiorizado la risa de su victimario. En los productos de las industrias culturales, “reírse de algo es siempre burlarse” . Las masas se ríen de sí mismas al proyectarse en el personaje en la pantalla, disfrutar la manera en que no alcanza jamás lo que desea y burlarse de él ante su fracaso. “La ley suprema [de la risa en las industrias culturales] es que los que disfrutan de ella no alcancen jamas lo que desean, y justamente con ello deben reír y contentarse. La permanente renuncia que impone la civilización es nuevamente infligida y demostrada a sus víctimas (…) en toda exhibición (…). Ofrecer a tales víctimas algo y privarlas de ello es, en realidad, una y la misma cosa. Este es el efecto de todo el aparato erótico.” El personaje junto con el público, según Horkheimer y Adorno, ríe ante su incapacidad de hacerse con el objeto del deseo que se le muestra. Su risa hace a un lado momentáneamente el dolor que esto conlleva. Sin embargo, este proceso, al mismo tiempo, genera un mecanismo en el que el deseo amenaza con volver a surgir, por lo que la risa funciona también como un modo de represión que señala la existencia de ese deseo (en el personaje y el público) y al mismo tiempo lo castra indicando la imposibilidad de su realización.

El humor vinculado a este tipo de risa es sádico “por el placer que se experimenta en el mal ajeno [sufrido por el personaje en la pantalla], en cada privación que se cumple”. Ese sadismo está alineado con las “fuerzas que hay que temer”, aquellas que impiden al personaje, pero también al espectador, alcanzar el objeto de su deseo (la libertad, el amor, la riqueza, el coito, etc.). Adorno y Horkheimer ven en este espectáculo una “irrupción de la barbarie” porque “cada una de las [personas que ríen en el cine] se entrega al placer de estar dispuesta a todo a costa de todas las demás y con la mayoría tras de sí. En semejante falsa armonía ofrecen la caricatura de la solidaridad. Lo diabólico de la risa falsa radica justamente en el hecho de que ella parodia eficazmente incluso lo mejor: la reconciliación.” Por eso, según Adorno y Horkheimer, “en la falsa sociedad la risa ha herido a la felicidad como una lepra”, es únicamente “el eco del poder como fuerza ineluctable”.

Citas de “La industria cultural” en Dialéctica de la ilustración

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