“Pinocho descubre que quiere convertirse en un niño de verdad, pero también se da cuenta de que eso no sucederá hasta que no vuelva a reunirse con su padre” Paul Auster

por Juan Pablo Anaya

“Poco a poco, ambos comenzaron a gravitar en dirección a un libro: las aventuras de Pinocho. Primero en la versión de Disney y luego, poco después, en la versión original, con texto de Collodi e ilustraciones de Mussino. El pequeño no se cansaba nunca de escuchar el capítulo sobre la tormenta en el mar, que relata cómo Pinocho encuentra a Gepetto en el vientre del terrible tiburón.
-¡Papá! ¡Papá! ¡Qué suerte que te haya encontrado al fin después de tanto tiempo de desventuras!

-El mar estaba muy encrespado -explicó Gepetto- y una ola muy grande acabó por volcar mi barca. Fue entonces cuando ese terrible tiburón, que estaba por allí cerca, se acercó a mí, abrió su bocaza y me tragó como si fuera un fideo.

-¿Y cuánto tiempo hace que estás encerrado aquí dentro, papá?

-No estoy seguro, pero creo que varios años.

-¡Oh! -se asombró el muñeco-. ¿Y cómo te arreglaste para poder vivir? ¿Dónde has encontrado esta vela? ¿Quién te ha dado las cerillas para encendería?

-Te lo contaré todo, hijo mío. Has de saber que la misma borrasca que volcó mi embarcación, hizo naufragar también un barco mercante.

-¡Oh!

-Los marineros se salvaron todos, pero el barco se fue a pique y el tiburón, que ese día estaba muy hambriento, se tragó también los restos del naufragio… Por fortuna el buque estaba cargado de cajas de conserva, pan, frutas secas y barriles de agua; no faltaban entre sus restos una buena provisión de velas de cera y de cajas de cerillas… Con toda esta abundancia he podido vivir durante todo este tiempo; pero ahora… ya no queda nada, las provisiones se han terminado y esta vela que nos alumbra es la última que me queda…

-Entonces…

-Entonces, Pinocho, no tardaremos en quedarnos a oscuras.

A. y su hijo, separados con tanta frecuencia durante aquel año, experimentaban una gran satisfacción con aquella escena de reencuentro. En efecto, Pinocho y Gepetto están separados durante la mayor parte del libro. En el capítulo segundo, el maestro Ciliegia le entrega a Gepetto el misterioso trozo parlante de madera, y en el tercero, el anciano talla la marioneta. Incluso antes de que Gepetto haya acabado de tallar a Pinocho, éste empieza a hacer travesuras.

“-Me lo merezco -dice Gepetto para sí-, debí haberlo pensado antes. Ahora ya es demasiado tarde.”

A estas alturas, Pinocho, como cualquier bebé recién nacido, es puro instinto y necesidades primarias sin conciencia. En las páginas siguientes, los hechos se suceden con gran rapidez: la marioneta aprende a caminar, siente hambre y se quema accidentalmente los pies, que su padre reconstruye. Al día siguiente Gepetto vende su abrigo para comprarle una cartilla para el colegio (“Pinocho comprendió, e incapaz de contener las lágrimas, saltó al cuello de su padre y lo besó una y otra vez”). Luego no vuelven a verse durante más de doscientas páginas. El resto del libro cuenta cómo Pinocho busca a su padre y Gepetto a su hijo. En determinado momento, Pinocho descubre que quiere convertirse en un niño de verdad, pero también se da cuenta de que eso no sucederá hasta que no vuelva a reunirse con su padre. Aventuras, desventuras, vueltas, nuevas resoluciones, luchas, circunstancias fortuitas, progresos, retrocesos y, durante todo el camino, una toma de conciencia gradual. La superioridad del original de Collodi en comparación con la versión de Disney reside en no hacer explícitas las motivaciones de la historia. Permanecen intactas, en una forma preconsciente, onírica; mientras que en la obra de Disney las ideas se expresan de una forma sentimental, y por ende se vuelven triviales. En la adaptación de Disney, Gepetto reza por tener un hijo; en el original de Collodi, simplemente lo hace. El acto físico de realizar el muñeco (de un trozo de madera que habla, que está viva, lo cual recuerda la idea de la escultura de Miguel Angel: la figura está ya presente en el material antes de ser esculpida, el artista sólo recorta el exceso de material hasta revelar su forma verdadera. Esto implica que el alma de Pinocho precede a su cuerpo y que su tarea a lo largo del libro es encontrarla, o en otras palabras, encontrarse; lo cual convierte a esta historia en la descripción de una conversión más que de un nacimiento), este acto de elaboración de un muñeco es suficiente para transmitir la idea de plegaria y sin duda es más poderosa al no estar explícita. Lo mismo ocurre con los esfuerzos de Pinocho por convertirse en un niño real. En la obra de Disney, el hada azul le ordena que sea “valiente, veraz y generoso”, como si estas cualidades constituyeran una fórmula rápida para asumir una identidad. Pinocho simplemente anda a los tumbos, vive, y poco a poco toma conciencia de lo que puede llegar a ser. La única mejora que logra hacer Disney sobre el original -aunque también resulte discutible- aparece al final, en el episodio de la huida del terrible tiburón (la ballena Monstro). En el original de Collodi, la boca del tiburón está abierta (pues sufre de asma y del corazón), así que para huir Pinocho sólo necesita valor.

-En tal caso, papá, no hay tiempo que perder.

-¿Qué quieres decir?

-Que hay que pensar en huir.

-¿En huir? ¿Cómo?

-Escapando por la boca del tiburón.

-¡Hum! Eso no estaría nada mal; pero debes saber que yo no sé nadar, muchacho.

-¡No importa! Te montarás a horcajadas sobre mí, en mis hombros, y yo que soy un buen nadador te llevaré sano y salvo a la playa.

-Eres muy valiente, hijo mío, pero no debes hacerte ilusiones -dijo con tristeza el señor Gepetto-. ¿Crees posible que un muñeco que mide escasamente un metro puede tener la fuerza suficiente para llevarme a nado hasta la costa?…

-¡Nada cuesta probarlo! -exclamó con determinación el animoso muñeco-. De todos modos, si está escrito en el cielo que debemos morir, por lo menos tendremos el consuelo de estar juntos en los últimos instantes de nuestra vida. -Y sin decir más, Pinocho tomó en su mano la vela encendida y, caminando delante para alumbrar el camino, dijo al señor Gepetto:- Sígueme, padre; ven detrás de mí y no tengas miedo.

En la versión de Disney, sin embargo, Pinocho también necesita ingenio. La boca de la ballena está cerrada y cuando la abre es sólo para dejar entrar agua, y no para que ésta salga. Pinocho, con inteligencia, decide hacer una fogata en el vientre de la ballena, lo cual hace que Monstro estornude y arrojé a la marioneta y a su padre al mar. Pero con este retoque se pierde más de lo que se gana, pues se elimina el episodio fundamental de la historia: Pinocho nadando bajo el peso de Gepetto, abriéndose camino en la noche azul oscura (página 296 de la versión americana), con la luna brillando sobre sus cabezas, con una sonrisa bondadosa en los labios y la enorme boca del tiburón abierta detrás de ellos.”

Paul Auster, “El libro de la memoria” en La invención de la soledad

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