Diciembre en Enero
“Primera fase: 1) puedes amarrarme fuertemente encima de la mesa, durante diez o quince minutos, mientras preparas los instrumentos; 2) me das cien latigazos por lo menos, luego haces una pausa de algunos minutos; 3) comienzas a coser, coses el agujero del glande, y éste a la piel que hay a su alrededor, impidiéndome así tener una erección, coses la bolsa de los testículos a la piel de los muslos. Coses los pechos, coses sólidamente un botón de cuatro agujeros a cada pezón. Si quieres puedes unirlos con un elástico de ojal. Pasas luego a la segunda fase: 4) puedes elegir entre ponerme boca abajo sobre la mesa, amarrado por la cintura, con las piernas juntas, o bien atarme únicamente al poste, con las muñecas y las piernas juntas, con todo el cuerpo fuertemente atado; 5) me das latigazos en la espalda las nalgas los muslos, cien latigazos por lo menos; 6) juntas las nalgas y las coses, coses toda la raja del culo. Todo bien cosido con hilo doble y puntada a puntada. Si estoy sobre la mesa, me atas entonces al poste; 7) me das cincuenta fustazos en las nalgas; 8) si quieres complicar la tortura y ejecutar tu amenaza de la última vez, me clavas profundamente los alfileres en las nalgas; 9) puedes entonces ponerme en la silla y atarme, me das cincuenta fustazos en los pechos y me clavas los alfileres más pequeños, si quieres puedes calentarlos y ponerlos al rojo, previamente, todos o algunos. La atadura en la silla debería ser sólida y con las muñecas en la espalda para hacer que salga el pecho. Si no he hablado de quemaduras es porque debo pasar muy pronto una revisión médica y tardan mucho en curar»
«What are days for?
To wake us up,
to put them between the endless nights.
What are nights for?
To fall through time
into another world.»
Laurie Anderson en Heart of a Dog
«Moten y Harney [en el libro Los abajocomunes] también estudian qué podría significar el rechazar lo que ellos nombran como el “llamado al orden”. Qué podría significar, además, no llamar al orden a los demás, evitar la interpelación y la re-instanciación de la ley. Moten y Harney sugieren que cuando nos negamos a ello creamos disonancia, más importante que eso, permitimos que la disonancia continúe –cuando entramos en un salón y nos negamos a llamar al orden, estamos permitiendo al estudio continuar, un estudio disonante, tal vez, desorganizado, pero un estudio que precede a nuestro llamado y que continuará cuando abandonemos el salón. O, cuando escuchamos música, debemos rechazar la idea de que la música sucede sólo cuando el músico entra y toma su instrumento; la música es además lo que antecede a la ejecución y los sonidos que genera en la apreciación y la charla que sucede mientras tanto y a su alrededor; haciendola y amándola, estando en ella mientras se la escucha. Y entonces, cuando rechazamos el llamado al orden –el profesor que levanta el libro, el conductor de orquesta que levanta la batuta, la bocina pidiendo silencio, el estrangulador apretando el nudo– nos negamos al orden en términos de la distinción entre ruido y música, parloteo y conocimiento, dolor y verdad.» Jack Halberstam (traducción del inglés, Juan Pablo Anaya)
“Como Deleuze, creo en el mundo y quiero estar en él. Quiero estar en él durante todo el trayecto hasta que llegue su final, porque creo en otro mundo en el mundo y quiero estar en eso. Y, como Curtis Mayfield, planeo permanecer creyente.
Pero eso está más allá de mi, e incluso más allá de mi y de Stefano, y está afuera en el mundo, la otra cosa, ese otro mundo, el ruido gozoso de lo desperdigado, el scat del escatón, el rechazo abajocomún de la academia de miseria.» Fred Moten
«Lo más cerca que alguna vez llego Marx al antagonismo general fue cuando dijo “para cada cual de acuerdo con su habilidad, para cada cual de acuerdo a su necesidad” pero nosotros hemos leído esto como la posesión de la habilidad y la posesión de la necesidad. ¿Qué tal si pensamos acerca del experimento de la bodega del barco de esclavos como la absoluta fluidez, la informalidad, de esta condición de necesidad y habilidad? Qué tal si la habilidad y la necesidad estuvieran en constante juego y encontráramos a alguien que nos desposeyera a nosotros al punto en que este movimiento fuera nuestra herencia. Tu amor me hace fuerte, tu amor me hace débil. Qué tal si “el entre los dos,” el deseo perdido, la articulación, fuera este ritmo, este experimento heredado de los embarcados en las aguas agitadas de la carne y fuera la expresión que se pudiera sujetar al dejar ir la habilidad y la necesidad en constante recombinación.»
Fred Moten y Stefano Harney en «Los abajocomunes»
«Charlie Parker’s behavior became increasingly erratic. Heroin was difficult to obtain once he moved to California, where the drug was less abundant, so he used alcohol as a substitute. A recording for the Dial label from July 29, 1946, provides evidence of his condition. Before this session, Parker drank a quart of whiskey. According to the liner notes of Charlie Parker on Dial Volume 1, Parker missed most of the first two bars of his first chorus on the track, «Max Making Wax». When he finally did come in, he swayed wildly and once spun all the way around, away from his microphone. On the next tune, «Lover Man«, producer Ross Russell physically supported Parker. Charles Mingus considered this version of «Lover Man» to be among Parker’s greatest recordings, despite its flaws.» (Wikipedia)
La canción de amor de Leonard Cohen que más me gusta se llama “One Of Us Cannot Be Wrong”. En ella se cuentan los actos fetichistas del narrador, así como la historia de distintos personajes, un doctor, un santo y un esquimal. Estos son presa de su condición de enamorados, de la imagen de su amada o de la historia de amor de aquella con algún otro. Entre los personajes y el narrador hay procesos de aprendizaje, juegos de celos e intercambio de documentos de todo tipo. El más fascinante es quizá el esquimal. Este muere de frío ante la tormenta de hielo que procede de la imagen de la persona que ama. Creo que me gusta por lo exagerado del asunto. Ante tal escena, el narrador no puede más que desear estar en su lugar y exclamar, por favor dios mío, déjame entrar a esa tormenta. Los alaridos al final de la melodía dejan en claro la condición agreste de aquel que se encuentra enamorado.
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