Mañana viernes en el Hackmitin/Rancho electrónico:

«Desde que me cansé de buscar,
aprendí a encontrar.
Desde que un viento se me opuso,
navego con todos los vientos.»
Viento mistral, cazador de nubes,
asesino de la melancolía, barredor del cielo,
rugiente, ¡cómo te amo!
¿No somos ambos los dones primogénitos
de un mismo regazo, predestinados
eternamente a la misma suerte?
Por caminos de piedra rocosos
bailando corro a tu encuentro,
bailando, mientras tú silbas y cantas:
tú, que sin barco y sin remo
como el más libre hermano de la libertad
saltas sobre mares embravecidos.
Despierto a penas, escuché tu llamado,
me abalancé a los acantilados,
hacia la pared amarilla junto al mar.
¡Salud! Entonces ya llegabas tú, como raudos
torrentes de diáfanos diamantes,
victorioso desde las montañas.
Por las llanas eras celestes
vi el galope de tus corceles,
vi el carruaje que te lleva,
vi alzarse tu propia mano
cuando el látigo cual rayo
sobre sus lomos golpea.
Te vi saltar del carruaje,
abalanzarte aún más rápido hacia abajo,
te vi recortado como una flecha
caer vertical hacia lo profundo, –
como un rayo de oro entre las rosas
derramarte en la primera aurora.
Baila ahora sobre mil lomos,
lomos de olas, perfidias de olas,
¡Viva aquel que crea nuevos bailes!
Bailemos de mil maneras,
libre –sea llamado nuestro arte,
jovial – ¡nuestra ciencia!
Quitemos de cada flor
el botón en nuestro honor,
dos hojas para la guirnalda.
Como trovadores bailemos
entre santos y rameras,
entre Dios y el mundo ¡el baile!
Quien no sepa bailar con los vientos,
quien en vendas tenga que estar envuelto,
atado, anciano y lisiado,
quien es allí como el burlón hipócrita,
majadero de las virtudes, ganso de las virtudes,
¡fuera de nuestro paraíso!
Arremolinemos el polvo de la calle
en las narices de los enfermos,
¡ahuyentemos los brotes de enfermedad!
¡Separemos todas las costas
del aliento de los pechos estériles,
de los ojos sin coraje!
Cacemos a los turbadores del cielo,
ennegrecedores del mundo, acumuladores de nubes,
¡despejemos el reino del cielo!
Rujamos… oh, espíritu de todos
los espíritus libres, contigo a dúo
ruge como la tormenta mi felicidad.
–Y para que sea eterna la memoria
de esa felicidad, toma su legado,
¡eleva hasta aquí contigo la guirnalda!
Lánzala más alto, más lejos, más distante,
toma por asalto lo alto de la escalera del cielo,
cuélgala – ¡de las estrellas!”
«La sangre de la pequeña herida
en el dedo gordo del pie derecho,
es un minúsculo estanque.
Parece que no es nada:
minúsculo estanque bermellón
naciendo de la astilla de una botella rota.
Minúscula también, la herida
no permite el paso.
Sólido y fino entra el ámbar
y se derrama el rojo,
y el rojo, luego de un tiempo, se endurece en ocre:
todo es parte de una tonalidad que regresa,
una diminuta evolución cromática en la punta del dedo gordo.
En la esquina remota que mi vista no alcanza
está el aguijón de un problema (cualquier problema);
más valdría no haberlo descubierto
porque no sé cómo sacarlo.»
Poema del libro: http://undioslubricante.com/ de Tania Carrera
“¿Siente usted que trabaja cada vez más y tiene cada vez menos (tiempo, dinero, deseo, ímpetu)? ¿Cree que sus vacaciones son demasiado cortas o demasiado caras o demasiado aburridas? ¿Ha sentido, al menos una vez en la vida, el deseo de llegar tarde al trabajo o de abandonarlo antes de hora? ¿Es usted un trabajador autónomo (un free lance) y cada mes su vida pende de un hilito? ¿Cuántas veces ha dejado de pagar impuestos por olvido, por falta de tiempo, por insubordinación? ¿Ha pensado que las horas que tarda en desplazarse al trabajo y en regresar a su casa podría emplearlas en hacer el amor? ¿Desde qué edad es usted un multiempleado? ¿Tiene seguridad social? ¿En qué piensa usted durante las horas muertas de la oficina? ¿Aborrece a su patrón? ¿Cuántas veces le ha ocurrido que, incluso estando fuera del trabajo, sólo puede pensar en el trabajo? ¿Sospecha usted que aun si trabajara los domingos nunca tendrá una vivienda propia? ¿Cuántas horas de su tiempo libre dedica a mirar la televisión? ¿A hojear catálogos de mercancía? ¿A gastar su sueldo? ¿A leer? ¿A no hacer nada? ¿Cuántas veces ha deseado estampar en la cabeza de su jefe el recibo de su salario? ¿O acaso es usted un productor de bienes inmateriales (un trabajador creativo) sin jefe, sin contrato, sin salario? ¿Le estremece pensar que lleva una eternidad sudando la gota gorda a cambio de un stereo all around que nunca usa, porque no tiene tiempo para usarlo? ¿Realiza labores de tres o cuatro ? ¿Qué puede hacer? ¡Pare de sufrir! MATE A SU JEFE: RENUNCIE…”
Fragmento del libro Escritos para desocupados que puede leerse aquí: http://escritosdesocupados.com/DESCARGA_ESCRITOS.pdf
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