La práctica de digitalizar y compartir bienes culturales que hizo posible internet fue un gesto revolucionario

por Juan Pablo Anaya

Según Deleuze, en su libro Lógica del sentido de 1968, el desequilibrio entre los desarrollos técnicos que genera una sociedad y las leyes y reglas que la conforman hace posible las revoluciones. La paradoja que vive Robinson Crusoe a solas en su isla explica esta falta de equilibrio. El naufrago, nos dice Deleuze,

“no puede reconstruir un análogo de sociedad si no es dándose de una vez todas las reglas y leyes que se implican recíprocamente, aun cuando todavía éstas no tengan objetos (…) [,por el contrario,] su conquista de la naturaleza (…) se hace progresivamente, de fuente en fuente de energía, de objeto en objeto.”

Deleuze equipara “la conquista de la naturaleza” con el desarrollo técnico de una sociedad, entendido este último como el modo de relación que se tiene con un entorno material, por ejemplo, para obtener recursos energéticos. El caso de Robinson, y la manera en que pretende darse una ley humana cuando ni siquiera sabe bien cómo sobrevivir en la isla, le permite a Deleuze definir una inestabilidad que caracterizaría la vida política de cualquier grupo humano. Un desequilibrio entre la manera en que las leyes buscan aplicarse a cualquier objeto o situación, mientras que el desarrollo técnico nos enfrenta a objetos y situaciones no previstas. Lo anterior propicia el que las leyes establecidas busquen juzgar y sancionar situaciones para las que no fueron pensadas. La actitud revolucionaria, según Deleuze, consistiría en situarse en la “distancia que separa el progreso técnico de la totalidad de lo social” para inscribir allí “un sueño de revolución permanente” (falta cita). Desde esta perspectiva, la práctica de digitalizar y compartir bienes culturales que hizo posible internet fue en parte un gesto revolucionario: situó en primer plano las potencialidades de la reproductibilidad digital y, desde esta distancia, abrió una pregunta sobre los monopolios existentes –y aquellos por venir– en el sistema de publicaciones, sobre las leyes de derecho de autor y sobre la noción misma de propiedad consagrada por la mayoría de los sistemas jurídicos. Fue un acontecimiento que irrumpió tanto en los imaginarios sociales vinculados al libro como en la prácticas jurídicas que lo regulan.