El niño dios es punk o lo que aprendí en la navidad del 2017
«I would suggest that we take our cue from Deleuze and Guattari’s reading of Woolf and Lawrence in A Thousand Plateaus in order to open a modernism of inhuman time—not a modernism of either stream of consciousness or stream of text (Deleuze and Guattari 2004, 278). This atavistic modernism might in turn allow for a re-reading of other modernists and post-modernism. Rather than posit something like tracing, marking, writing, text, differance or the word that would disperse and fragment any supposed grounding life, Bergson makes a direct claim about life as that which creates difference. Life is neither psyche, nor organism, and certainly not an inchoate chaos that is repressed by the order of psychic and organic wholes; life is an organizing power that operates in part by reducing the proliferation of intensive difference to allow for ongoing selfsame wholes, but life operates also by creating complexities and relations that cannot be contained by the human logic of organic efficiency. A modernism that followed this positively destructive atavism of intuition would not look beyond man to some higher human promise, but would allow the human to be invaded by the forces of the cosmos that he has all too efficiently silenced.»
Claire Colebrook «The Joys Of Atavism», aquí: http://www.openhumanitiespress.org/books/titles/death-of-the-posthuman/
«Un libro nunca comienza por la primera línea ni acaba con la última. Si hubiera que comenzar por la primera línea, nadie podría escribir (¿por dónde empezar?, ¿de donde sacar fuerzas suficientes?). Un libro comienza siempre antes de haber empezado o después de haber terminado, siempre va adelantado o retrasado con respecto a sí mismo. Comienza antes de haber empezado, sin que nadie — y menos que nadie quien lo escribe– sepa que ha comenzado. Hablando en general, los libros de filosofía comienzan todos ellos el mismo día: al día siguiente de la muerte de Sócrates. Es difícil calcular el tiempo transcurrido entre la muerte de Sócrates y la redacción del primer diálogo de Platón, lugar de nacimiento de la filosofía, pero cuando Platón convierte a Sócrates en protagonista de ese primer diálogo escrito señala que aquel libro, lugar de nacimiento de la filosofía, ya había comenzado antes de que empezase a ser escrito, cuando Sócrates estaba vivo o acaba a de morir. Desde entonces, se discute en vano si la escritura falsea –y hasta qué punto– esa experiencia anterior a ella que constituye su inadvertido punto de comienzo, la experiencia nombrada con la expresión ‘la muerte de Sócrates’.
Pero un libro termina siempre antes de haber acabado, porque si tuviera que acabar con la última línea nadie se atrevería a escribirla y el libro sería infinito. Un libro acaba siempre después de haber terminado, sin que nadie –y menos que nadie quien lo lee– sepa que ha acabado. Hablando en general todos los libros de filosofía acaban el mismo día: el día antes de la muerte de Aristóteles (cuando quizá ya estaba agonizando. Es imposible determinar el tiempo exacto que transcurre desde ese día hasta el primer comentario en que ‘la filosofía’ se convierte en un corpus endurecido de terminología técnica, pero es seguro que cuando sucede, allí donde sucede y mientras sucede, los libros de filosofía dejan de tener lectores y sólo tienen guardianes, guardianes que mantienen una interminable disputa acerca de su derecho de custodia sobre lo guardado. Así que los libros de filosofía son cosa extremadamente frágil: comienzan antes de que esté decidido en lo más mínimo a que puede llamarse ‘filosofía’, y acaban un momento antes de que todo el mundo separa ya demasiado bien lo que significa esa palabra.
Que un libro sólo pueda comenzar con la muerte de un hombre, no siendo una novela policíaca ni una historia de fantasmas, parece algo bastante triste. Lo parece, a menudo, la escritura, por esa impresión ya evocada de que traiciona aquello mismo que quiere expresar y que siempre, necesariamente, la precede. Como si la escritura llegase tarde (por la tarde, en el momento del ocaso), cuando aquello que se intenta atrapar ya ha pasado, como si se refiriese a una anterioridad que indica, pero que nunca puede acoger. Para los libros de filosofía, ésta no es una observación cualquiera, porque, dado que la filosofía nació como una cierta práctica de la escritura –la que acontece en los Diálogos de Platón–, la escritura parece ser perfectamente inseparable de la filosofía»
José Luis Pardo, La regla del juego, pág. 13-15.
Les invito a descargar, hojear y leer la edición digital, que armamos en «La campechana mental» y «El cráter invertido», del texto Los abajocomunes pdf / Los abajocomunes epub (The Undercommons) de Fred Moten y Stefano Harney. Los invitamos a compartir el archivo y a disfrutar la lectura. El texto fue traducido del inglés por Cristina Rivera-Garza, Marta Malo y el que escribe estas líneas.
Una de las tesis en el libro afirma que los bienes comunes, y las formas de organización vinculadas a ellos, rodean y anteceden cualquier proceso de colonización. Siguiendo esta idea en La campechana mental decidimos preparar la edición del texto trabajando con una herramienta comunitaria como el software libre. Por ello, el pdf se trabajo en principio con LaTeX, previo marcado del texto en Markdown. Después los compas del Cráter invertido incluyeron sus dibujos y formularon una chula edición en InDesign: Los abajocomunes pdf. Basado en el el archivo en LaTeX, e incluyendo los dibujos hechos por la banda del Cráter, el epub se hizo en la Campechana mental utilizando Sigil y Calibre: Los abajocomunes epub
Nos gusta pensar que este proceso fue, en parte, una apuesta por una práctica editorial en la que los bienes comunes y las dinámicas que generan estén en primer plano.
Qué disfruten la lectura: Los abajocomunes pdf y Los abajocomunes epub
“What Deleuze and Guattari’s history of the subject in Anti-Oedipus sets out to demonstrate is that this elevated disembodied subject has emerged from a process of cruelty and terror. It is only with the organised torture of bodies that one can imagine a ‘law’ to which such bodies are subjected. The subject is an effect of terror, for it is only through terror that we produce a law to which we are all subjected, and the idea of a universal and dutiful ‘we’.
Literature, according to Deleuze and Guattari, can reverse this historical and ironic tendency by re-living the cruelty and terror from which the law is imagined. Kafka is often read as an ironic or negative author because the ‘law’ always remains beyond any image or figure of the law —all we encounter are judgements and prohibitions, never the law itself (Derrida 1989b). Deleuze, however, sees Kafka as anything but negative and ironic. Kafka’s fathers and judges in The Castle (1922) or The Trial (1925) are not signs of a hidden law. Rather, the weak but punishing father is imagined as that which stands in front of a law forever out of reach. Our subjection to law is an effect of irony. Because all we have are partial images, we imagine some law above and beyond our own life. Kafka exposes the law as a fiction, as nothing more than a series of authorities who have such a lack of force and power that they must present themselves as signs of some greater law. But there is nothing behind the father, the judge, the court or the priest. We need to see such fictions as signifiers, pure affects or sensations with no underlying or hidden reality. The subject, or the self subjected to an unseen law, is one fiction or image among others. By creating endless images of the law Kafka shows the law to be nothing more than the performance or image of power, with power itself being the power of images (Deleuze and Guattari 1986, 55). Before the modern notion of the subject there were just political acts of force, cruelty and terror; it is only in modernity that we imagine power or force to have a ground: the man or humanity which might act as some way of judging and organising force.”
(Colebrook, Claire, Irony, London: Routledge, pág. 143)
Por si andan en Pachuca el próximo jueves: a las 9:30 am, en la Universidad La Salle, comienza el coloquio “Política, ficción y plataformas”. Si tienen ganas de discutir acerca de series de televisión, ese es el lugar. En el coloquio daré una charla sobre Blade Runner, Blade Runner 2046, Black Mirror y el eterno retorno. Si acaso a alguien por ahí le apetece. Aquì pueden consultar el Programa Segundo Coloquio de Comunicación Política, ficción y plataformas
«Mi gaita espera, también mi garganta. Puede sonar un poco ronca, pero ¡date por satisfecho! ¡Acaso no estamos en las montañas! … por lo menos lo que vas a escuchar es nuevo; y si no lo entiendes, si entiendes mal al cantor, ¡qué importa! Esa es siempre ‘la maldición del cantor’. Pero mientras más nítidamente puedas escuchar su música y su estilo, tanto mejor bailarás al ritmo de su flauta.»
Friedrich Nietzsche en el «Epílogo» de La ciencia jovial (traducción basada en la versión de José Jara, en Monte Avila Editores y en la versión de Germán Cano en Gredos).
«Efectivamente, la lección política que podemos aprender de Calibán y la bruja es que el capitalismo, en tanto sistema económico-social, está necesariamente vinculado con el racismo y el sexismo. El capitalismo debe justificar y mistificar las contradicciones incrustadas en sus relaciones sociales —la promesa de libertad frente a la realidad de la coacción generalizada y la promesa de prosperidad frente a la realidad de la penuria generalizada— denigrando la «naturaleza» de aquéllos a quienes explota: mujeres, súbditos coloniales, descendientes de esclavos africanos, inmigrantes desplazados por la globalización.» (Calibán y la bruja, pág. 32 descargable aquí: https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/Caliban%20y%20la%20bruja-TdS.pdf )
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